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¿Dónde se encontraba el Amor y la Misericordia?
La Historia del Antisemitismo Cristiano
• ¿Sabía usted que la Iglesia Primitiva era predominantemente judía?
• ¿Qué sucedió para que la primera Iglesia se desconectara de sus raíces judías y se creara una Iglesia compuesta casi enteramente por gentiles?
• ¿Por qué la Iglesia estableció tantos edictos en contra de los judíos?
• ¿Son los judíos verdaderamente los “asesinos de Cristo”, según se les ha denominado en muchos círculos cristianos?
• ¿La Iglesia ha suplantado a Israel?
• ¿Porqué el enfoque de algunos eventos históricos, tales como las Cruzadas y la Inquisición, era el de perseguir a los judíos?
• ¿Sabía usted que Martín Lutero tuvo inicialmente una relación positiva con la comunidad judía, y luego se convirtió en uno de los más viles antisemitas de la historia?
• ¿Qué podemos hacer para cambiar las actitudes y las acciones antisemitas que han caracterizado a la Iglesia durante los últimos 1,800 años?
En Romanos capítulo 11, el apóstol Pablo le exhorta a los cristianos gentiles sobre su relación con el pueblo judío. Nos dice que no seamos arrogantes hacia ellos (v.20), y que ellos son "amados por causa de los padres" (v.28), para que "por la misericordia concedida a [nosotros], ellos también alcancen misericordia." (v.31).
Los cristianos frecuentemente repetimos frases tales como, "Conocerán que somos cristianos por nuestro amor". Desafortunadamente, la comunidad judía, en raras ocasiones, ha sentido amor o respeto alguno de parte de los que se autodenominan cristianos. Por lo general, ha recibido odio, desprecio, persecución e incluso la muerte a manos de los cristianos. ¿Dónde se encontraba el amor y la misericordia?
Raras veces esta oscura y trágica historia es conocida por los cristianos. Sin embargo, la comunidad judía recuerda muy bien estos tristes capítulos. En lugar de demostrar amor y misericordia hacia el pueblo judío, muchos cristianos intercambiaron la cruz por una espada en su contra. El Dr. Eduardo Flannery, en su libro La Angustia de los Judíos, dijo que los únicos capítulos de la historia cristiana que han conocido los judíos fueron redactados en páginas que la Iglesia ha arrancado de sus libros de historia y quemadas a fuego. Al investigar volumen tras volumen de libros, enciclopedias y diccionarios de la historia cristiana, encontré escasa referencia sobre la gran cantidad de material escrito por la Iglesia en contra de los judíos. Estos escritos existen como parte de los procedimientos y conclusiones de la mayoría de los Concilios y edictos eclesiásticos hasta nuestro siglo, pero la mayoría de los escritores prefieren no mencionar estos pasajes porque no son alagadores. Simplemente los hemos barrido por debajo de la alfombra para no enfrentarlos.
Lo anteriormente expuesto es razón por la cual deseo hacer algo un poco diferente en los próximos dos Estudios de Israel. En lugar de hacer una e interpretación correcta de las Escritura, observaremos los resultados de una interpretación equivocada y el desastre que ésto generó. Ya que este tema es tan central para nuestra relación cristiana con Israel y la comunidad judía, es muy importante que lo estudiemos juntos. A pesar de que es un tema muy extenso, le aseguro que no se aburrirá.
Cuando analizamos los últimos 2,000 años de nuestra historia, creo que es acertado afirmar que las organizaciones e individuos cristianos que demuestran solidaridad con el pueblo judío, y que educan a la Iglesia acerca de las raíces judaicas de la fe cristiana, son una rareza histórica.
Permítame ilustrarlo de esta manera: si se hubiese celebrado una reunión en algún momento durante los últimos 1,800 años (de los casi 2,000 años de la historia de la Iglesia) para enseñar a cristianos acerca de los judíos sobre judaísmo, sobre las raíces judaicas de nuestra fe cristiana, o para celebrar las fiestas mencionadas en el libro de Levítico, los cristianos hubieran sido, cuanto menos, denunciados y excomunicados y, en muchos casos, muertos. También, cualquier miembro de la comunidad judía que hubiese participado en esta reunión, o que simplemente hubiese asistido, sería acusado de "judaizante" y sería penalizado a una muerte segura por las autoridades de la Iglesia. De hecho, un artículo de este tipo tampoco se hubiese permitido publicar. La historia es muy compleja y, aunque es cierto que han existido algunos momentos históricos de libertad religiosa, la observación anterior es muy cierta.
Afortunadamente, en la actualidad tenemos libertad para discutir las raíces judaicas del cristianismo, como tambíen podemos hablar sobre nuestro triste expediente en contra de los judíos. De hecho, ya podemos reunirnos con personas judías para aprender el uno del otro con relación a estos temas. Esta nueva tendencia es definitivamente positiva.
Nuestro estudio no pretende ser una mera lección histórica, sino una lección para nuestras vidas. No es una acusación a alguien en particular, ya que la Iglesia moderna es una excepción a la regla histórica. Al contrario, quiero infundir un sentido de responsabilidad para que no permitamos que se repita esta historia.
Mediante la presente, voy a hacer referencia a los padres de la Iglesia primitiva, a la Iglesia Católica, a Martín Lutero y otros líderes, y a edictos de la Iglesia Católica. Le ruego que no tome ofensa personal por los hechos históricos que voy a presentar. Los expongo para que éstos nos ayuden a aprender, crecer y adelantarnos en nuestro camino de la fe, y no para insultar a una denominación en particular. Comencemos, pues, nuestra jornada hacia el entendimiento.
Los Primeros Cuatro Siglos Después de Cristo
En el primer siglo d.C., la Iglesia estaba bien unida a sus raíces judías, y Jesús no pretendió que fuese de otra manera. Después de todo, Jesús era judío y la base de Sus enseñanzas era consistente con las Escrituras Hebreas. Jesus declara en Mateo 5:17-18: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido."
Es conocido, también, que todos los escritores del Nuevo Testamento, con la excepción de Lucas, eran judíos. Los apóstoles y los primeros discípulos eran judíos. Ellos adoraban en Shabat (sábado), celebraban las fiestas judías, y se congregaban en las sinagogas. Aún los miembros de la Iglesia primitiva en Jerusalén y en las regiones de Judea, Samaria y Galilea eran predominantemente judíos. Se sabe, por ejemplo, que ningún nombre no-judío aparece mencionado entre el liderato de la Iglesia en Jerusalén hasta 135 d.C., cuando aparece el primer nombre griego. Veamos ahora porqué sucedió así.
Las congregaciones cristianas en otras partes del Imperio Romano tenían raíces judías relativamente fuertes, puesto que eran guiadas por la escuela de pensamiento de Jerusalén. Esto se observa a través de los nombres de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento: las cartas para los corintios, romanos, gálatas, efesios, filipenses, colosenses y tesalonicenses fueron originadas desde la comunidad en Jerusalén. Los autores de las otras epístolas también estaban muy vinculados a la congregación judeo-cristiana en Jerusalén.
Antes de la Primera Revuelta Judía del año 66 d.C., el cristianismo era básicamente otra secta más dentro del judaísmo, como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Los cristianos también eran conocidos como nazarenos. Antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., cuando Jerusalén fue arrasada por los romanos, era común el debate en torno a las ramas del judaísmo en la cosmopolita y bulliciosa ciudad de Jerusalén. ¿Qué ocasionó la ruptura entre las primeras comunidades cristianas y las judías, extendiéndose hasta el día de hoy?
Comienza la Separación: A manera general, la separación vino como resultado de las diferencias religiosas y sociales entre el pueblo judío. De acuerdo con David Rausch en su nuevo libro, Un Legado de Odio , hubieron varios factores contribuyentes: 1) La invasión romana de Judea y la amplia aceptación del cristianismo por los gentiles que complicó la historia del judeo-cristianismo. 2) Las guerras romanas contra los judíos que no solamente destruyeron al Templo y a Jerusalén, pero también obligaron que la Iglesia en Jerusalén renunciara a su posición como centro de la fe cristiana en el mundo romano. 3) La acelerada aceptación del cristianismo por parte de los gentiles que condujo a un conflicto prematuro entre la Iglesia y la Sinagoga. Los viajes misioneros de Pablo extendieron la fe cristiana al mundo gentil y, a medida que iba creciendo el número de cristianos, creció también su influencia, la cual desligó el cristianismo de sus raíces judías.
Muchos gentiles cristianos interpretaron que la destrucción del Templo y de Jerusalén era señal de que Dios había abandonado al judaísmo, y que había provisto a los gentiles la opción de desarrollar su propia teología cristiana libre de la influencia de los judíos creyentes en Jerusalén. Desafortunadamente, los judeo-cristianos se habían distanciado de la guerra contra los romanos y de la tragedia que había acontecido a la nación. Creyendo que la guerra era una señal del fin, huyeron a Pella, al este del Río Jordán, abandonando a los demás judíos para que se defiendan por sí solos.
Al finalizar la guerra y al haber sufrido la destrucción de Jerusalén y del Templo, los judíos Sabios (Sages) que pudieron sobrevivir la victoria romana se reunieron en Yavné, una ciudad en las planicies de Sarón cerca de Jope. Al iniciarse el período post-Templo, consideraron que era necesario consolidar la práctica del judaísmo y el Jalajá , o la Ley. El judaísmo adoptó la escuela del pensamiento rabínico de Bet Hillel, la más apegada a la secta de los fariseos. Las enseñanzas farisaicas enfatizaban la relación de cada individuo con Dios, y alentaban las masas hacia una santidad basada en la rígida observación de la Torá, a diferencia de la enseñanza de los saduceos, la cual estaba más interesada en la práctica de los ritos del Templo. A pesar de que el judaísmo farisaico había demostrado tolerancia hacia los judeo-cristianos, o los nazarenos, previo a la destrucción del Templo, la asamblea de Yavné exigió la separación entre el cristianismo y el judaísmo.
Contribución de Adrián: Más tarde, en el año 132 d.C., cuando Bar Kochba organizó la Segunda Revuelta Judía contra Roma, los judeo-cristianos tuvieron otra razón por no querer participar en ella. Bar Kochba fue proclamado el Mesías por el Rabino Akiva. Ya que los cristianos habían creído que Jesús (Yeshúa) era el Mesías, el participar en la revuelta bajo el liderato de Bar Kochba significaba la negación de su fe. En 135 d.C., cuando la revuelta fue aplastada por el emperador romano Adrián, expulsó a todos los judíos de Jerusalén, permitiéndoles regresar únicamente una vez al año, en Tisha Be'av, el día destinado para la lamentación de la destrucción del Templo. Esta prohibición también aplicaba a los judeo- cristianos, por lo que encontramos el registro, por primera vez, de un nombre griego entre el liderato de la iglesia en Jerusalén. En este momento histórico, la influencia hebraica de la iglesia de Jerusalén desaparece a manos del cristianismo mundial, determinando así el rumbo que tomaría la Iglesia de allí en adelante.
Adrián también convirtió a Jerusalén en una ciudad romana y cambió su nombre a Aelia Capitolina, ya que Aelius era el apellido de su familia. Ésto fue percibido como un insulto para el Dios de Israel, quien había seleccionado a Jerusalén como su ciudad. Adrián también cambió el nombre de toda Judea, Samaria y Galilea por Siria Palestina, asociando el nombre de un antiguo enemigo de los judíos a la tierra, el de los filisteos. Haciendo así, se erradicaba cualquier conexión judía con la ciudad de Jerusalén y la tierra de Israel. Este intercambio de nombres todavía los asedia hasta el día de hoy.
Separación del cristianismo y judaísmo: A este momento histórico, la Iglesia ya se había separado, para todos efectos, del judaísmo. El poder teológico y político se trasladó de manos de hombres judeo-cristianos hacia centros de mando de tipo cristiano-gentil, tales como Alejandría, Roma y Antioquía. Es importante comprender este cambio, porque ejerció gran influencia sobre los Padres de la Iglesia Primitiva para que hicieran declaraciones anti-judías a medida que se fueron desvinculando de sus raíces judaicas.
A la vez que la Iglesia fue ampliando su alcance dentro del Imperio Romano, y su membresía no-judía fue aumentando, el pensamiento de tipo griego y romano insidiosamente penetró y totalmente alteró la manera de interpretar las Escrituras: desde uno de tipo judío o hebraico, a uno de tipo griego. Esto ocasionaría muchas herejías en el futuro, algunas de las cuales la Iglesia todavía practica en la actualidad.
Una vez que el cristianismo y el judaísmo comenzaron a tomar rumbos separados, la distancia se hizo cada vez mayor. Los romanos habían casi en efecto suprimido al judaísmo, pero el cristianismo se dispersaba rápidamente. Esto causó gran preocupación en Roma, y su nueva presión política contra los cristianos fue otro factor para ampliar aún más la brecha entre cristianos y
judíos.
Más tarde, con intención de unificar el Imperio Romano, todos los ciudadanos deberían adorar y sacrificar en honor a los dioses romanos, incluyendo al emperador, el cual era también considerado un dios. Bajo la ley romana, el judaísmo se consideraba una religio licita, una religión legal, ya que existía previo a Roma. Sin embargo, como el cristianismo comenzó a existir después de establecerse el Imperio, se denominó una religio ilicita. Obviamente, los cristianos no podían cumplir con esta requerida adoración pagana, por lo que se rehusaron a ella, enojando así a la autoridad romana. Su desobediencia conllevaba castigo. Es durante este tiempo que encontramos que los cristianos eran utilizados como deporte en los coliseos y circos romanos, como gladiadores, o echados a los leones y otras bestias salvajes. El emperador Nerón usaba a cristianos como antorchas humanas para alumbrar su jardín de noche. Comunmente arropaban cristianos con brea, los amarraban a postes y los incendiaban. Para protegerse de ser arrestados, los cristianos adoptaron durante este período identificarse con el símbolo de un pez en lugar de la cruz. Usaron las letras griegas ICTHUS , que significa "pez" en griego, para representar la frase "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".
Intentando mitigar la persecución, los apologetas cristianos trataron de convencer a Roma de que el cristianismo era simplemente una extensión del judaísmo. Sin embargo, Roma no fue convencida. La continua persecución y resultante frustración de los cristianos engendró mayor animosidad contra la comunidad judía, que para ese entonces tenía libertad para adorar libremente. Más adelante, cuando la Iglesia llegaría a ser la religión del estado, se legislaría en contra de los judíos en retribución a ésto.
Teología de la Suplantación: La animosidad por parte de los cristianos hacia los judíos comenzó a reflejarse en los escritos de los primeros Padres de la Iglesia. Por ejemplo, Justino Mártir (cerca de 160 d.C.), refiriéndose al pueblo judío dijo: "Las Escrituras no son de ustedes, sino nuestras". Ireneo, obispo de León (alrededor de 177 d.C.) declaró: "Los judíos han sido desheredados de la gracia de Dios". Tertuliano (160-230 d.C.), en su tratado Contra los Judíos , anunció que Dios había rechazado a los judíos para favorecer a los cristianos.
A principios del siglo 4, Eusebio escribió que las promesas de las Escrituras Hebreas eran para los cristianos y no para los judíos, pero que las maldiciones eran para los judíos. Argumentó que la Iglesia era la continuación al Antiguo Pacto y que, por lo tanto, es la sucesión al judaísmo. La joven Iglesia se declaró como la verdadera Israel, "Israel según el Espíritu", y heredera de las promesas divinas. Encontraron imperativo el desacreditar a "Israel según la carne" para comprobar que Dios había descartado a su pueblo y había transferido su amor a los cristianos.
Con ésto, nació la Teología de la Suplantación, donde la "triunfante" Iglesia suplantaba al "derrrotado" judaísmo y a Israel. Esta teoría de la Suplantación llegó a ser un fundamento principal para justificar el antisemitismo cristiano hasta el día de hoy. Sin embargo, lo que realmente dice el Nuevo Testamento con respecto a la relación de la Iglesia con Israel y sus pactos es que hemos sido injertados en el olivo (Rom.11:17), de haber "sido hechos cercanos" (Ef. 2:13), que somos descendientes según "la fe de Abraham" (Rom.4:16), y "participantes de sus bienes espirituales" (Rom.15:27), NO usurpadores del pacto y suplantadores de la Israel física. Nosotros, los cristianos gentiles, nos hemos unido a lo que Dios está realizando con Israel, siendo que Dios no ha quebrantado su pacto ni sus promesas para con Israel (Rom.11:29).
La Iglesia Triunfante: A principios del 4to siglo, ocurrió un evento monumental para la Iglesia. En el año 306 d.C., Constantino llegó a ser el primer emperador romano cristiano. En sus comienzos, tenía un punto de vista pluratista y permitió que los judíos tuvieran los mismos derechos religiosos que los cristianos. Sin embargo, en 321 d.C. instituyó al cristianismo como religión oficial del Imperio. Esto marcó el fin de la persecución de los cristianos, pero el principio de la discriminación y persecución del pueblo judío.
Previamente, en el Concilio de Elvira (España) en 305 d.C., se habían hecho declaraciones para mantener separados los judíos de los cristianos; inclusive, se ordenaba que los cristianos no compartieran sus alimentos con los judíos, que no se casaran con judíos, que no utilizaran a los judíos para bendecir a las cosechas, y que no observaran el shabat judío.
La Roma Imperial, en 313 d.C., promulgó el Edicto de Milán, lo cual favorecía al cristianismo y prohibía la existencia de sinagogas. Luego, en 315 d.C., otro edicto permitía quemar a judíos al ser convictos de quebrantamiento a la ley. A medida que el cristianismo se convertía en la religión del estado, más leyes fueron establecidas en contra de los judíos:
- Los anteriores privilegios otorgados a los judíos fueron removidos.
- La jurisdicción rabínica fue abolida o severamente coartada.
- El proselitismo era prohibido y severamente castigado con muerte.
- Se excluía a los judíos de alto cargos en el gobierno o carreras militares.
Estas y otras restricciones fueron reafirmadas vez tras vez por varios Concilios Eclesiásticos durante los próximos 1,000 años.
En 321 d.C., Constantino decretó que todo comercio cesara en "el día venerado del sol". Al sustituir el sábado por el domingo como día de adoración cristiana, agudizó aún más la separación. Esta controversia en torno al shabat judío o domingo cristiano surgió en el primer concilio ecuménico de Nicea (325 d.C.), el cual estableció que el domingo debiera ser el día de descanso para los cristianos. El debate continuó posteriormente durante largo tiempo.
De la noche a la mañana, se le otorgó al cristianismo el poder del Estado Imperial, y los emperadores comenzaron a aplicar los conceptos y aseveraciones de teólogos cristianos en contra de los judios y del judaísmo. En lugar de la Iglesia aprovechar esta oportunidad para difundir su mensaje del Evangelio de amor, se transformó en una Iglesia triunfalista, empeñada en derrotar a sus enemigos. Luego del año 321, el carácter de los escritos de los Padres de la Iglesia cambió. Ya no se expresaban de manera defensiva o apologética, sino agresiva, dirigiendo su veneno a todo aquel que estuviera "fuera del redil", en particular al pueblo judío que pudiera encontrarse en casi cualquier comunidad y nación.
La Edad Media
Miremos ahora los próximos 700 años de la historia, desde el tiempo de Constantino hasta la Primera Cruzada en 1096 d.C.
Este período es conocido como la Edad Media, o la Edad del Oscurantismo. El Santo Imperio Romano estaba procurando expandir su nueva fe a las tribus paganas de Europa Occidental, a los ostrogodos en el norte y este, a los visigodos en el oeste, y al Imperio Franco (el área general alrededor de la Francia moderna).
Durante este período encontramos más ejemplos de prejuicio anti-judío en la literatura eclesiástica escrita por líderes de la Iglesia:
- Hilario de Poitiers (291-371 d.C.) escribió: "Los judíos son una nación maldecida por Dios eternamente".
- Gregorio de Hyssa (fallecido en 394 d.C.), Obispo de Capadocia, dijo: "Los judíos son una cría de serpientes, aborrecedores de todo lo bueno..."
- San Jerónimo (347-407 d.C.) describe a los judíos como "...serpientes, portando la imagen de Judas, sus salmos y oraciones son el bramido de asnos."
Juan Crisóstomo: Al final del 4to siglo, el gran orador y Obispo de Antioquía, Juan Crisóstomo, escribió una serie de ocho discursos contra los judíos. Había visto a cristianos conversando con judíos, haciendo juramentos delante del Arca, mientras que otros guardaban las fiestas judías. El quería detener ésto y, en un esfuerzo por hacer retornar a su gente a lo que llamaba "la verdadera fe", los judíos llegaron a ser el chivo expiatorio para su serie de discursos. Citando a Crosóstomo, dijo: "La sinagoga no es solamente un centro de prostitución y un teatro; es también una casa de ladrones y hospedaje para bestias salvajes. Ningún judío adora a Dios...los judíos son asesinos empedernidos, poseídos por el diablo; su libertinaje y borrachera les da los modales de un cerdo. Se matan y se mutilan entre sí..."
Bajo esta presión, uno puede ver la gran dificultad que representaba el querer mantenerse fiel a la herencia judía, o que un cristiano gentil aprendiera sobre la paternidad del cristianismo. Más aún, Crisóstomo intentó separar el cristianismo totalmente del judaísmo. Escribió en su Cuarto Discurso, "He dicho suficiente en contra de los que dicen estar de nuestro lado, pero mantienen los ritos judíos...mi verdadera guerra es contra los judíos...los judíos han sido abandonados por Dios, y por el crimen de este deicidio no hay expiación posible."
Observamos que Crisótomo era bien conocido por su predicación fogosa contra lo que él percibía como amenazas a su rebaño, incluyendo las riquezas, el entretenimiento, los privilegios y los ornamentos externos. Sin embargo, su predicación contra la comunidad judía, la cual creía tener una influencia negativa sobre los cristianos, es inexcusable y abiertamente antisemita en su contenido.
Los Asesinos de Cristo: Otra desafortunada contribución que hizo Crisóstomo al antisemitismo cristiano fue el adjudicar a todo el pueblo judío la culpa de la muerte de Cristo. La etiqueta de "asesinos de Cristo," aplicada al pueblo judío, sería utilizada por antisemitas durante los próximos 16 siglos.
Miremos este asunto por un momento, y extingámoslo de una vez y por todas. Para justificar esta etiqueta de "asesinos de Cristo," se ha citado a Mateo 27:25. En este pasage, se interpreta que el pueblo judío admite su responsabilidad colectiva por la crucifixión de Jesús: "Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos."
Primeramente, la responsabilidad colectiva de un pueblo entero por todas las generaciones no puede ser validada por las palabras de unos pocos. Ellos hablaban por sí mismos, y no por todo Israel o por todo el pueblo judío.
En segundo lugar, si ellos fuesen encontrados culpables por su participación en la muerte de Jesús, entonces el mundo gentil también sería culpable por su propia participación, porque fueron soldados romanos quienes realmente efectuaron la crucifixión, enclavando a Jesús y colgándolo en la cruz. Y si no podemos culpar a todos los gentiles, ¡por lo menos podemos culpar a todos los italianos! Bueno, creo que ya entienden mi punto, y lo ridículo que es hacer esta clase de acusación.
En tercer lugar, Jesús se entregó a sí mismo voluntariamente para morir por los pecados de la humanidad. De esta manera, fue nuestro pecado lo que le colgó a la cruz - y no una multitud judía ni un ejército romano.
En último lugar, antes de que muriera Jesús, dijo, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc.23:34). Si Jesús perdonó tanto a los judíos como a los romanos por su participación en este evento, ¿cómo podremos nosotros hacer menos?
Los judíos como un Pueblo Testigo: Adelantándonos un poco en el período de la Edad Media, encontramos algunos líderes eclesiásticos un tanto perplejos. Si fuese cierto lo que habían estado enseñando por siglos, que los judíos y que el judaísmo era maldecido por Dios, entonces, ¿cómo se puede explicar su perpetua existencia?
San Agustín se refirió a este asunto en su "Sermón contra los judíos". Expresó que, aunque los judíos merecían el más severo castigo por haber asesinado a Jesús, habían sido preservados por la Divina Providencia para servir, al igual que sus Escrituras, como testigos a la verdad del cristianismo. Más aún, su existencia era justificada para que atestiguaran, a través de su humillación, en torno al triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga. Habrían de ser un "Pueblo Testigo" - esclavos y sirvientes que debieran ser humillados.
De esta manera, los monarcas del Santo Imperio Romano consideraban a los judíos como siervos de la cámara (servi camerae), y los utilizaban como esclavos bibliotecarios para cuidar las escrituras hebreas. También los utilizaban en otra función - la del usuario o prestamista. La prestación de dinero era algo necesario para acrecentar la economía, pero la usuria era considerada como peligrosa para la salvación del cristiano y, por ende, prohibida. Sin embargo, la Iglesia permitía que los judíos practicaran la prestación del dinero porque, según su razonamiento, sus almas judías ya estaban perdidas. Más tarde en la historia, vemos que el pueblo judío sería utilizado por los países occidentales como agentes negociantes, explicando así cómo los judíos llegaron al ámbito bancario y comercial.
Ya hemos podido ver que el arsenal ideológico del antisemitismo cristiano se encontraba completamente desarrollado para el tiempo de la Edad Media. Se manifestó, además, a través de ciertos eventos eclesiásticos que sentaron precedente para el futuro, como cuando el patriarca Cirilo, obispo de Alenjandría, expulsó a los judíos y entregó sus pertenencias al tumulto cristiano. Todavía para esta fecha, la virulenta judeofobia se encontraba solamente entre el clero, el cual siempre intentaba mantener su rebaño alejado de los judíos. Luego, la población creciente de clase media sería la mayor fuente de actividad antisemita.
Las Cruzadas
La primera Cruzada comenzó en el año 1096. Este fue un período de conflicto interno dentro de la iglesia occidental. Existían dos papas católico-romanos a la vez, uno de los cuales era visto como un anti-papa quien le reclamaba el título al otro. Al morir uno de ellos, el sobreviviente, Urbano II, necesitaba una causa unificadora. Con esta intención, hizo un llamado para realizar una cruzada, o guerra santa, en contra de los musulmanes de la Tierra Santa, quienes perseguían a los cristianos y profanaban los lugares santos de Jerusalén.
En el verano de 1096, una turba de 200,000 campesinos y artesanos fue reunida en Francia. Como no se encontraba ningún musulmán en los contornos, "los campeones de la Cruz" tornaron su vista hacia los judíos quienes, a su entender, eran tan "infieles" y enemigos del cristianismo como lo eran los musulmanes. Encontraron que podían inciar las Cruzadas allí mismo. Así que, el odio, en lugar del amor, fue predicado desde estas mismas tierras.
A medida que los cruzados marchaban sobre Europa en camino a la Tierra Santa, lite-ralmente violaban, saqueaban y despojaban a todas las comunidades judías que se encontraban de frente. Ante los gritos enloquecidos de los cruzados de: "Los judíos crucificaron a nuestro Señor, y deberán convertirse o morir", los judíos no tenían mayor alternativa que el bautismo o la muerte. Miles prefirieron la muerte.
A pesar de que la Iglesia no apoyaba oficialmente estas actividades, hizo muy poco para detenerlas. Muchos cleros y obispos individualmente llegaron a brindar protección y refugio a los judíos, pero desafortunadamente, otros participaron activamente en las ejecuciones.
En Mainz, Alemania, por ejemplo, el Arzobispo invitó a 1,300 judíos a ser "protegidos" en su palacio. Esta invitación se tornó en una masacre ya que, bajo su supervisión, todos fueron asesinados. También participó en el despojo de los cadáveres. Por otro lado, cuando el emperador Enrique IV oyó de esta masacre, confiscó los despojos que el Arzobispo había tomado, y permitió que otros judíos en su imperio, quienes habían sido obligados a bautizarse, pudieran regresar al judaísmo.
Tres años después, cuando por fin los cruzados llegaron a Jerusalén, contaban con 600,000 hombres. Sitiaron la ciudad y, el 15 de julio de 1099, penetraron las murallas. Mataron a los musulmanes en la ciudad, junto a muchos cristianos quienes confundieron con musulmanes porque estaban vestidos con la indumentaria del medio oriente. Encerraron a los judíos en las sinagogas y, con escudos decorados con grandes cruces, pusieron madera alrededor de las mismas y les prendieron fuego, mientras cantaban, "Cristo, te adoramos".
¿Es de sorprenderse que la cruz, para los judíos, haya llegado a ser símbolo de odio y muerte, en lugar de amor, reconciliación y salvación? La cruz ha sido tomada y utilizada lite-ralmente como una espada en contra del pueblo judío.
Hubo un total de nueve Cruzadas. La última fue en 1291, cuando los musulmanes nuevamente tomaron posesión de la Tierra Santa.
El Cuarto Concilio de Letrán
El cuarto Concilio Eclesiástico de Letrán fue celebrado en 1215. Durante este concilio, la doctrina de la transubstanciación fue cristalizada. La transubstanciación es la doctrina que defiende que el cuerpo y la sangre de Cristo se hace presente en la consagración de la hostia y del vino. Esta doctrina persiste en la Iglesia Católica al día de hoy. Ésta, junto a otras declaraciones del cuarto Concilio de Letrán, se convirtieron en un nuevo modo de antisemitismo.
1. Profanación de la hostia: Durante los siguientes siglos, muchas acusaciones fueron circuladas en contra de los judíos relacionadas a la profanación de la hostia. La calumnia como "blasfemos de los Sagrados Elementos de Comunión" fue utilizada en su contra, acusándolos de tratar de robar la hostia sagrada y de atormentar, acuchillar y quemarla en un nuevo esfuerzo por crucificar a Cristo. Muchas historias fabricadas ilustrando este fenómeno fueron circuladas, particularmente en Alemania, durante los siglos 13 y 14.
Esta enseñanza aún no ha desaparecido. Permítame compartir un ejemplo personal. A mediados de la década de los años 70, los hijos de un amigo católico regresaron de su escuela parroquial (en Boston, Massachussets, EUA) con una historia que les fue relatada por una monja intentando inculcarles respeto por la hostia de comunión: "Un niño católico y un niño judío entraron a una Iglesia Católica, y el niño judío convenció al niño católico de robarse una hostia. Se la llevaron a la casa, entraron a una recámara secreta, y la pincharon con un alfiler. La hostia comenzó a sangrar, llenó la recámara con sangre y ahogó a los niños." Esta es simplemente otra versión de la antigua calumnia, ya que el villano de la historia es un judío.
2. Bebedores de Sangre: Otra calumnia relacionada a la anterior es la de "bebedores de sangre". Acusaban a los judíos de asesinar a gentiles, particularmente a cristianos, para obtener sangre a ser utilizada en su rito de la Pascua o en algún otro rito. Siempre afirmaban que los judíos necesitaban beber sangre cristiana para mantener su apariencia humana, y que la sangre cristiana ayudaría a eliminar el distintivo foetor judaicus, u "olor judío", el cual era opuesto al "olor de santidad" que poseían los cristianos. Otra versión de esta acusación era que los judíos raptaban a bebés cristianos, los mataban, y molían sus cuerpos para confeccionar su pan de matza (pan sin levadura) para la Pascua. Estas calumnias son fácilmente refutables, aún con la mínima noción sobre las reglas dietéticas judías: se les prohibe a los judíos comer sangre de cualquier animal, más aún la sangre o carne humana. El hecho de que tal doctrina pudiera existir es evidencia de desprecio e ignorancia en torno al estilo de vida judaico. Rechazan cualquier tipo de relación y diálogo judeo-cristiano.
Nuevamente, aún existen estas acusaciones hoy día. Hace pocos años, un jóven fue raptado en un pueblo al norte de la ciudad de Minneapolis, Minnesota en Estados Unidos. Nuestra Directora Educativa en Estados Unidos, JoAnn Magnuson, tiene copia de una hojuela que fue puesta en los parabrisas de los automóviles del área acusando a los judíos de haber raptado al niño para la ceremonia de la Pascua. Suena absurdo en esta época, pero el antisemitismo no muere fácilmente.
3) Identificación o Distintivo: Otro canon promulgado por el Cuarto Concilio Laterano requería que los judíos vistieran una identificación o distintivo. La forma del distintivo variaba de país en país, pero usualmente era una etiqueta, un sombrero de tres esquinas o un sombrero puntiagudo. De esta manera, los cristianos podrían estar seguros de no haber entrado en contacto con algún judío desapercibidamente. Aún en el arte medieval, se distinguía a los judíos en pinturas o en tallados con un círculo en la ropa o portando sombreros puntiagudos.
Es importante destacar que luego hubieron muchas personas laicas y autoridades eclesiásticas que verdaderamente trataron de proteger a la comunidad judía de la persecución. En ese tiempo, era la clase media la que promovía la mayor parte del antisemitismo. Sin embargo, las actitudes eran basadas en enseñanzas eclesiásticas del pasado.
La Inquisición
El próximo evento histórico en manchar la historia cristiana mundial fue la infame Inquisición promovida por la Iglesia en España y Portugal.
Según la Ley Canónica, la Inquisición no autorizaba intervención en asuntos judíos, sino que su propósito era detectar herejes cristianos quienes se apartaban de la fe. Pero esta ley fue ignorada debido a que los judíos eran acusados de inculcar sus herejías dentro de las comunidades cristianas.
A mediados del siglo 15, la Inquisición española comenzó a identificar y perseguir a los apartados de la Iglesia. Luego se extendió a las comunidades judías, obligando a miles de judíos ser bautizados. Estos judíos bautizados eran conocidos como "conversos" o nuevos cristianos, y se esperaba que actuaran como tal, a pesar de que la "conversión" no era voluntaria. De la misma manera en que una rana jamás aprenderá a volar simplemente porque la arrojan desde un precipicio, un judío nunca podrá ser un cristiano porque se bautiza a la fuerza.
Muchos de estos "convertidos" adoptaron una apariencia cristiana para poder vivir y trabajar en las sociedades cristianas de España y Portugal. Otros no aceptaron la conversión, y fueron perseguidos por su fe. Continuaron practicando sus costumbres judías, tales como alumbrando las velas los viernes por la noche, cambiando las cubiertas de cama en el shabat, absteniendo de comer cerdo y pescado sin escamas, observando los días de fiesta, etc. De acuerdo con las leyes de la Inquisición, el ser sorprendido observando cualesquiera de las 37 costumbres judías era suficiente razón para tener que enfrentar la Corte de la Inquisición. Era deber de todo cristiano detectar estas señales e informar la Corte inmediatamente. Una vez frente a la Corte, no había manera de evitar el castigo:
- Si uno confesaba y no se arrepentía, era quemado a la hoguera.
- Si uno confesaba y se arrepentía, era humillado públicamente. Cualquiera otra infracción significaba muerte segura.
- Si uno no confesaba, aún siendo inocente, era torturado hasta confesar, y luego que mado a la hoguera.
La Iglesia no era permitida ejecutar a ninguna víctima, por lo que delegaba esa función a la rama secular, la Corte de la Inquisición. Como no se permitía derramamiento de sangre, el modo preferente de ejecución era muerte a la hoguera. Se justificaba con el verso de Juan 15:6, "El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden." La propiedad de la víctima era confiscada y añadida a la opulencia de la Corte.
Finalmente, todos los judíos no "conversos" fueron llevados a la Corte, acusados de ser judaizantes y de ejercer mala influencia sobre los "conversos". Todos fueron enjuiciados y quemados.
La Inquisición en España duró desde 1481 hasta 1820. Sobre 350,000 judíos sufrieron tortura y muerte.
La Reforma
Muchos reformadores reconocieron los errores inherentes en la Iglesia y desafiaron su liderato, el Papa, los obispos, los sacerdotes y todo el cuerpo eclesiástico. La Reforma sin embargo trajo consigo repercusiones complejas y a veces contradictorias en la evolución del antisemitismo.
Una rama del protestantismo, específicamente el calvinismo, y otros grupos partiendo de éste, promovieron menos judeofobia que el catolicismo hasta el presente siglo 20. Otra rama, el luteranismo, desarrolló más ideas antisemitas basado en las posteriores expresiones de Lutero en contra de los judíos.
Una consecuencia inmediata de la Reforma fue la de agravar la posición de los judíos en regiones que eran aún católico romanas. Los papas determinaron restaurar el orden a través de la estricta aplicación de la Ley Canónica. Naturalmente, los judíos fueron afectados de manera adversa. A mitad del siglo 16, fueron creados los ghettos, primero en Italia y luego en el Imperio Austriaco. La palabra ghetto realmiente proviene de una isla en Venecia que había sido utilizada como lugar para fundición de metales. Ubicaron a todos los judíos de Venecia en esta isla para que pudieran ser aislados y vigilados. Esta práctica fue replicada en otras partes del mundo católico, y luego Adolfo Hitler la utilizó nuevamente en el Tercer Reich con el mismo propósito. G.E. Roberti, un publicista del siglo 18, declaró: "Un ghetto judío es la mejor evidencia de la veracidad de la religión de Jesucristo que toda una escuela de teólogos."
Martín Lutero: Martín Lutero fue el padre del luteranismo. Durante la primera fase de su ministerio, entre 1513 y 1523, Lutero a menudo censuraba la persecución de los judíos y recomendaba una política de tolerancia hacia ellos basado en un verdadero espíritu de hermandad. En 1523 escribió un folleto,"Que Cristo nació judío", en el cual argumentaba que los judíos eran del mismo linaje que el fundador del cristianismo y que ellos tenían razón al negarse al "paganismo papal" presentado a ellos como si fuera cristianismo. Comentó, "Si yo hubiese sido judío y hubiese visto a estos tontos e insensatos enseñando la fe cristiana, hubiese preferido convertirme en un cerdo que en un cristiano."
Sin embargo, cuando los judíos no aceptaron su nueva versión del cristanismo ni eran convertidos, Lutero se tornó hostil hacia ellos. Para la década de 1530, los describió en su serie, Conversación Sobremesa [Table Talk], como "duros de cerviz, con corazón de hierro y tercos como el diablo."
Finalmente, ocurrió lo que ya conocemos. Publicó en 1542 un folleto titulado Sobre los judíos y sus mentiras, y otro en 1543, Sobre el Shem Hamephoras, (el Nombre Inefable). Estos dos folletos contienen algunas de las frases más horrendas y viles jamás escritas contra el pueblo judío.
Quinientos años más tarde, Hitler encontró justificación para muchas de sus ideas contra el pueblo judío para el Holocausto en estos escritos. Después de todo, si el padre de la Iglesia Luterana, siendo alemán, hizo estas declaraciones, ¿quién podía argumentar en su contra? Para Lutero mismo, era un ejemplo clásico de "siembra viento y cría tempestades".
El Renacimiento y la Emancipación
A medida que nos adentramos a la era del Renacimiento de los siglos 17 y 18, encontramos que los judíos todavía sufrían de un legado de prejuicio. Mientras el cristianismo mantenía el control político de Europa, los judíos eran obligados a vivir marginados dentro de la vida social europea. Ni siquiera podían ser dueños de propiedad. El término "judío errante" nació en base a que eran forzados a moverse de ciudad en ciudad, de país en país. Por esta razón, los judíos preferían ocupaciones de tipo intelectual, comercial y artístico, profesiones que podían llevarse consigo cuando eran forzados a evacuar el lugar. Ya que no podían comprar propiedades, invertían su dinero en joyas y otras comodidades fácilmente transportables. Ésto, y su "vocación" de prestamistas (impuesta por las autoridades de la Iglesia Católica desde el siglo 12), les dió la reputación inmerecida de estar obsesionados con el dinero.
A los judíos se les acusaba de ser los causantes de todos los males del mundo. Durante la Plaga Bubónica (Muerte Negra) en Europa, los acusaron de haber envenenado los pozos de agua. Como carecían de conocimiento en torno a gérmenes y enfermedades, y notaban que los judíos no padecían de la plaga como ellos (porque guardaban las leyes bíblicas de higiene), los no-judíos llegaron a la conclusión de que el problema provenía por culpa de los judíos. Después de todo, ellos creían que los judíos eran malvados, impulsados por el diablo para hacer toda clase de fechoría. Los dibujaban de manera caricaturezca como criaturas con colas puntiagudas, cuernos y rasgos diabólicos.
Al finalizarse el siglo 19, fue declarada abiertamente una nueva versión de antisemitismo. Había latido bajo la superficie por siglos, pero durante el Renacimiento fue alimentada por la teología cristiana y por mitos populares. En este momento, se hizo patente la más antigua de todas las temáticas antisemitas: que los judíos eran un elemento contaminante dentro de la sociedad humana y que representaban una amenaza para la sobrevivencia del estado. Así podemos ver que el fin del dominio político/religioso medieval no significaba el fin del antisemitismo.
Asonadas contra los judíos (Pogroms) en Rusia
Entre 1881 y 1902, comenzó una serie de asonadas contra los judíos en Rusia (Pogroms). Estas asonadas representaban ataques de destrucción, saqueamiento de propiedad, violaciones sexuales y asesinatos perpetrados por la población cristiana contra los judíos. Las autoridades civiles y militares únicamente observaban los ataques, y a veces participaban en ellos. La Iglesia callaba y aún los apoyaba.
En este período fue publicado el infame folleto Los Protocolos de los Ancianos de Sion. Estos Protocolos, primeramente publicados en Rusia en 1905, relatan supuestas conversaciones entre líderes judíos sobre cómo planeaban apoderarse del mundo. La publicación original fue hecha bajo los auspicios de la policía secreta ante la presión del zar Nicolás II de Rusia, quien era un miembro abierto de la organización antisemita Los Cientos Negros (The Black Hundreds). Aunque se ha comprobado, en repetidas ocaciones, que las expresiones de este folleto son totalmente falsas, todavía se puede hallar alrededor del mundo publicaciones de ésta en diversos idiomas.
Es difícil medir la extensión del daño causado por las asonadas, y el número de víctimas habidos, debido a que estalló una guerra civil en los contornos al finalizar el siglo 18. Sin embargo, algunos datos parciales obtenidos de entre 530 comunidades rusas revelan que ocurrieron 887 asonadas mayores y 349 menores, resultando en la muerte de 60,000 judíos y varias veces más este número en heridos (Dubnow, Historia de Rusia).
El Holocausto
Ahora nos acercamos al tiempo del Holocausto, la culminación de 1900 años de errada enseñanza en la sociedad cristiana. El Holocausto fue la "Solución Final" de Hitler para exterminar al pueblo judío.
Alemania era una de las sociedades más adelantadas intelectual y culturalmente de su época. No obstante, esta sociedad denominada "cristiana" observó cómo eran exterminados los judíos de Europa sin un gesto en su defensa, y muchos aún participaron en ello. Seis millones de judíos, incluyendo dos millones de niños, fueron violentamente asesinados por Hitler y los nazis. Su "Solución Final" era exterminar al mundo de las "sabandijas judías", manera en que se refería a ellos en su literatura, discursos y películas. Hitler llegó a la conclusión de que había un problema en cada ciudad y país de Europa, y que los judíos eran el denominador común. Para Hitler, eran una carga continua y malvada para la sociedad. Eran los asesinos de Cristo. Necesitaban ser controlados y segregados del resto de la sociedad, requiriendo un distintivo como identificación. Deberían ejercer solamente trabajos serviles, y prohibírsele funcionar en las ramas de medicina, las artes, las ciencias, leyes, educación, etc. Deberían quemar todas sus sinagogas y libros de oración, confiscar todas sus propiedades y, en última instancia, matarlos a todos. ¿Nos suena algo familiar? Cada una de estas persecuciones tuvieron un precedente en siglos pasados cuando la Iglesia controlaba el gobierno. Hitler no inició nada nuevo, sólo lo hizo más eficientemente y a mayor escala. Tristemente, aprendió su doctrina de la historia eclesiástica.
Ciertamente, Hitler y sus agentes no eran verdaderos cristianos. La filosofía nazi fue influenciada en gran manera, también, por mitología pagana, pero la mayoría de los líderes nazi eran miembros honorables de la iglesia luterana o católica. Realizaron sus actos viles dentro de una nación históricamente cristiana...y hubo silencio absoluto de parte del mundo cristiano. Aún durante la década antes de iniciarse las exterminaciones de la Solución Final, el "Occidente Cristiano" rechazó la inmigración de judíos que huían de la creciente amenaza nazi, y también evitaron que llegaran a la tierra de Israel, su tierra ancestral. Tales decisiones resultaron en la muerte de millones de judíos.
El padre Neimoeller, escribiendo en torno a este triste capítulo de la historia, dijo: "Primero vinieron por los comunistas y no protesté - porque no era comunista. Luego vinieron por los socialistas y no protesté - porque no era socialista. Luego vinieron por los líderes unionistas y no protesté - porque no era lider unionista. Entonces vinieron por los judíos y no protesté - porque no era judío. Finalmente vinieron por mí - y no quedaba nadie quien protestara por mí."
La severidad del Holocausto fue dirigida contra el pueblo judío. Mientras fueron asesinadas otras personas no-judías por razones políticas o sociales, tales como las personas con retardación mental, las prostitutas y los homosexuales, el pueblo judío, como grupo étnico, fue el blanco principal de la maquinaria asesina de Hitler. Incluía a madres, niños, campesinos, médicos, músicos, rabinos, profesores, etc. Ninguno era exento, y fueron exterminados SIMPLEMENTE PORQUE ERAN JUDIOS.
Afortunadamente, hubo algunos cristianos quienes actuaron de manera compasiva hacia los judíos para esconderlos o ayudarlos a escapar, por ejemplo, Corrie Ten Boom y los cristianos de Le Chambon en Francia. Sin embargo, su número era demasiado pequeño para hacer una diferencia muy significativa.
Ya Hitler no existe. Alemania, bajo el régimen nazi, también ha dejado de existir. Pero la niña del ojo de Dios (Zac.2:8), el pueblo judío, continúa vivo, e Israel es un hecho muy real.
Antisemitismo durante los últimos 50 años
Como podrá concluirse a base de este recuento histórico, las relaciones amistosas judeo-cristianas han sido un fenómeno muy reciente. El esfuerzo genuino por construir relaciones entre judíos y cristianos ha sido iniciado sólo en los últimos 50 años. Cincuenta de entre casi 2,000 años es muy corto tiempo. Ha sido iniciado, en parte, en respuesta al Holocausto. Pero, ¿podrá perdurar? Sólo si usted también toma parte en ello. Aún hay una batalla que lidiar. El antisemitismo no ha muerto, y puede ser percibido en cualquier comunidad. Mientras algunos nos quieren hacer creer que el antisemitismo está menguando, ésto no es cierto. Desde 1990, actos antisemíticos han aumentado alrededor del mundo, apareciendo aún en lugares donde no existen los judíos, como en Japón.
Es evidente cómo los medios noticiosos siempre presentan las noticias con un enfoque negativo respecto a Israel. Esta nación se ha convertido en un baluarte de auto-determinación para el pueblo judío, y muchos alrededor del mundo lo resienten. Un Israel impotente era más acceptable, pero un Israel fuerte, a la par con el resto del mundo, para muchos es intolerable.
A mi parecer, el antisemitismo a nivel mundial no ha disminuído en lo absoluto. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando ya los hechos viles comenzaron a esclarecerse, muchos individuos y grupos comenzaron a expresarse a favor del pueblo judío. Sin embargo, el antisemitismo no ha dejado de existir; sólo ha quedado disimulado. En la actualidad, los pueblos y los gobiernos transfieren su sentimiento antisemita a nivel nacional o político refiriéndose a las "agresiones del Estado Sionista". La nueva tendencia anti-Israelí o anti-Sionista no es más que el antiguo antisemitismo con nueva vestimenta.
¿Cómo podremos contrarrestar ésto? Podemos tomar una posición firme, conocer los verdaderos hechos, y ser una voz cristiana colectiva en apoyo a Israel. Ésto es algo que nunca se ha hecho a lo largo de la historia de la Iglesia. Sí, han habido algunos individuos quienes levantaron su voz, pero creo que ya es tiempo de que los cristianos demostremos solidaridad como grupo.
¿Qué significado deberá tener ésto para nosotros?
El pueblo judío conoce muy bien esta triste historia, mientras que muchos cristianos la ignoran. Preferimos ignorarla porque es un señalamiento en nuestra contra.
El Dr. Edward Flannery, en su libro La Angustia de los Judíos, dice que los únicos capítulos de la historia cristiana que conocen los judíos fueron redactados en páginas que la Iglesia ha arrancado de sus libros de historia y quemados a fuego.
¿Qué quiere decirnos Pablo en Romanos 11 cuando indica que los judíos son "amados por causa de los padres"(v. 28), y que "por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia"(v. 31)?
Es muy penoso saber que el instrumento satánico más efectivo contra el Pueblo del Pacto, la niña del ojo de Dios, ha sido la Iglesia. No es muy preciso tratar de aclarar, tampoco, que los que hicieron estas cosas terribles no eran verdaderos cristianos, porque algunos sí lo eran.
Aprendamos una lección de Martín Lutero. Nadie puede dudar de su devoción a Dios, pero escribió y pronunció alguna de las más horrendas expresiones antisemitas de la historia. Como Lutero, algunos de los antisemitas comenzaron como amantes del pueblo judío, pero luego fueron decepcionados porque los judíos no respondieron a sus expectativas cristianas. Aparentemente, su amor no era genuino, y tenían algún motivo ulterior. El antisemitismo es pecado, y debemos siempre guardarnos de ello en nuestros corazones y nuestras vidas. Creo firmemente que el antisemitismo es vileza en su máxima expresión, y la lucha contra ello es una batalla tanto espiritual como física. Debido a que el pueblo judío es el pueblo con el cual Dios estableció Su pacto, si luchamos contra ellos, luchamos contra Dios. Podemos comprender cómo es posible que los del mundo pueden involucrarse en esta lucha, pero es trágico cuando los cristianos se encuentran luchando contra Dios. Como Ogden Nash una vez escribió, "Es extraño que Dios haya escogido a los judíos, pero no tan extraño como aquellos que escogen al Dios judío y rechazan a los judíos."
Ahora que hemos escuchado la verdad acerca de este tema, es hora de que la Iglesia crezca y aprenda a respetar al Pueblo del Pacto. Ellos son nuestros hermanos mayores, y el judaísmo es el fundamento que ha engendrado nuestra fe.
Isaías el profeta dijo, "Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto" (Is. 51:1-3).
Pablo dijo, "...si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti" (Rom. 11:16-18).
Pablo es muy claro con respecto a las ramas naturales de Dios, el pueblo judío, cuando dice de ellos en Romanos 11:28 y 29 que "...son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios."
Los cristianos necesitamos recordar que Jesús nació a través del pueblo judío, el pueblo escogido de Dios, recibiendo por medio de éste nuestra salvación. Los judíos fueron escogidos para vivir en la tierra de Dios (Israel), para adorar a Dios, y demostrar así al mundo la bendición de servir al Dios verdadero. También fueron escogidos para recibir y preservar la Palabra de Dios de manera que pudiéramos tener La Biblia. Sí, debiéramos amarlos por lo que nos han dado, en lugar de odiarlos.
Como cristianos gentiles que somos, tenemos una herencia judía. El nombre verdadero de Jesús era Yeshúa y, siendo rabino, enseñaba en las sinagogas. Sus discípulos y los autores del Nuevo Testamento, excepto por Lucas, eran judíos. Adoraban en el shabat (sábado), celebraban las fiestas judías, y asistían a las sinagogas.
Pablo enseña a los cristianos que será por nuestra misericordia que los judíos también alcancen misericordia (Rom. 11:31). Este verso, en griego, no clarifica de quién es la misericordia. La versión castellana de Casiodoro de Reina dice que será a través de la misericordia de Dios hacia nosotros que ellos alcanzarán misericordia, mientras que la traducción al inglés de Authorized King James Version interpreta que será através de nuestra misericordia. De cualquier manera, debemos demostrarle al pueblo judío verdadero amor y misericordia, y no tan sólo una mera sensación de cálida apreciación. Como cristianos, tenemos una deuda con Israel.
En Romanos 15:27, Pablo dice que debemos poner nuestro amor y nuestra misericordia en acción cuando nos dice, "...porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales."
Jesús mismo, en Mateo 25, establece que lo que le hacemos a Sus discípulos, lo hacemos también a Él. En los versos 34 al 40, Jesús dice que tuvo hambre y sed, fue extranjero, tuvo necesidad de vestimenta, estuvo enfermo y en prisión. Luego declaró que Sus discípulos atendieron a Sus necesidades. Sus discípulos le preguntaron en qué momento le vieron así, y les contestó, "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis".
Zacarías 2:8 describe el amor de Dios por el pueblo judío a través de la frase: "...el que os toca, toca a la niña de su ojo."
Hoy día podemos leer la Biblia por nuestra propia cuenta y ver cuánto amor Dios tiene por Su pueblo Israel. Por esta razón:
- Es hora de que los cristianos rompamos con la histórica enseñanza antisemita, y hagamos un giro en dirección contraria. Debemos actuar, no por un sentimiento de culpabilidad, sino por un espíritu humilde de amor.
- Es hora de que ayudemos a fortalecer Su pueblo, y demostremos amor y respecto tan gible hacia el pueblo judío alrededor del mundo.
- Es hora de que nos unamos al plan de Dios con la nación de Israel, ahora que literal mente está moviendo cielo y tierra para cumplir Sus promesas proféticas antes de Su pronto retorno.
Como cristianos, aceptemos el reto de abandonar nuestro odio anti-judío generacional dondequiera que se encuentre - ya sea en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestras familias y aún si se asoma en nuestros propios corazones.
El destino de la Iglesia está íntimamente vinculado con el futuro de Israel y el pueblo judío. Por demasiado tiempo la Iglesia ha permanecido silenciosa. Por demasiado tiempo la comunidad judía ha tenido que luchar sola. Es tiempo de que cada uno levantemos nuestra voz a favor del pueblo que nos dió la Biblia y quien nos demostró el camino hacia nuestra salvación. Cada esfuerzo puede ser significativo.
(Traducido por Teri S. Riddering)
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