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ISRAEL, LOS PACTOS DE DIOS Y LA IGLESIA
Parte 1
El Medio Oriente, Israel, Egipto, la Autoridad Palestina, Hafez al-Assad, Yasser Arafat, Arabia Saudita, Kuwait, Saddam Hussein, el Líbano, Siria, la Franja Occidental, Netanyahu... Estos son nombres que oímos cada día en las noticias. Pero, ¿cómo debemos interpretar lo que oímos?
Muy frecuentemente, la información puede causar confusión o desinterés en aquellos que carecen de conocimiento adecuado. Sin embargo, para los que vivimos según la Biblia, es importante que comprendamos lo que está ocurriendo, tanto en Israel como en todos los países que participan en este drama del Medio Oriente. Todos ellos son parte de las profecías antiguas que están cumpliéndose en la actualidad.
Cuando comparamos la Israel moderna con la Israel de tiempos bíblicos, nos pueden surgir algunas preguntas:
• ¿Tiene alguna relación el estado moderno de Israel con la Israel bíblica - es la misma tierra?
• ¿Es correcta la declaración árabe/palestina de que la Israel de hoy no
guarda relación con la Israel antigua?
• ¿Por qué Dios escogió esta tierra y la llamó "Su Tierra"?
• ¿Por qué escogió Dios a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob
para vivir en esta tierra y hacer con ellos Su Pacto?
• ¿Este pacto habría de durar eternamente?
• ¿Cómo ubicamos la Israel de hoy dentro de la profecía bíblica?
• ¿Prometió Dios que el pueblo judío habría de regresar algún día a su
tierra, luego de ser dispersado por todo el mundo, y ser restaurado?
• ¿La Israel de hoy sobrevivirá?
• ¿Por qué muchos cristianos apoyan el moderno estado de Israel?
• ¿Cómo deben relacionarse los cristianos con el pueblo judío?
Como cristianos, deberíamos procurar responder a estas preguntas, porque existe una estrecha relación entre nosotros, la Biblia, Israel y el pueblo judío. El apóstol Pablo describe, en Efesios 2:11-22, que en Yeshúa nosotros los gentiles hemos sido hechos partícipes de los pactos de Dios y de Sus promesas, que compartimos las mismas esperanzas, y que somos conciudadanos de los santos y de Israel.
En la vida, muerte y resurrección de Yeshúa está el cumplimiento de toda la Ley y de las profecías de las escrituras hebreas (nuestro Antiguo Testamento). Nuestra salvación necesariamente trae consigo una aceptación de este Dios de Israel y de la historia del pueblo judío, el pueblo escogido de Dios, como nuestra propia herencia y raíz, además de una conexión con la tierra de Israel.
Para poder interpretar los eventos presentes y futuros, necesitamos una comprensión bíblica e histórica del pasado. Por medio de los próximos dos Estudios de Israel, quiero que analicemos los participantes de este "juego" en el Medio Oriente: su pasado, presente y futuro. Es importante que comprendamos los siguientes aspectos:
1. la tierra de Israel y su lugar único entre las naciones;
2. la manera en que se relaciona esta tierra con el pueblo que Dios
escogió para habitarla, y la razón detrás de ello; y
3. el papel que ha jugado el pueblo judío (los descendientes de Abraham,
Isaac y Jacob) a través de la historia.
Sobre este fundamento bíblico podremos establecer una posición adecuada en torno a Israel y el Medio Oriente.
LA TIERRA
Con propósitos de determinar si la localización de la Israel actual es igual que la bíblica, tenemos que mirar las descripciones que provee la Biblia. ¿De qué "tierra" hablamos? Génesis 15:18 nos ofrece algunas dimensiones: "A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río de Eufrates...” De manera más específica, Génesis 17:8 aclara que consiste en "toda la tierra de Canaán".
Encontramos, en Exodo 3:8, que Dios le dice a Moisés en el desierto, "...he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo."
Esta área comprende el Israel moderno, además de las partes occidentales de Jordania y de Siria, y la mayoría del Líbano. Pero, ¿qué clase de tierra es esta Tierra Prometida?
Vemos en el pasaje citado previamente (Ex. 3:8), que Dios la describe como una"tierra que fluye leche y miel". Luego, en Ezequiel 20:6, leemos que es una tierra "que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras".
Al utilizar el término "leche y miel", Dios la describe como una tierra buena para la cría de ganado, lo que produciría gran cantidad de leche, además de ser fértil para el cultivo de árboles frutales y flores con néctar, de manera que las abejas pudieran producir miel abundante. (En las escrituras hebreas, la miel podía también referirse a lo que comúnmente denominamos como "mermelada", lo cual valida la idea de los árboles frutales.) Una tierra rica en leche y miel, en medio de una región desértica, podría considerarse como una preciosa promesa de parte del Señor.
Cuando Dios utiliza la frase "la más hermosa de todas las tierras" (en otras versiones de la Biblia puede aparecer como "la gloria de toda la tierra"), indica que no tan solo reflejaría de manera física la belleza de todas las naciones del mundo, incluyendo su terreno, flora y fauna, sino que también sería espiritualmente la cabeza de todas las naciones.
Analicemos lo siguiente: Israel es muy pequeña (150 x 50 millas, ó 241 x 80 kms.), pero es muy bendecida porque cuenta con el clima, terreno y localización para unir la vida animal y vegetal de cuatro diferentes zonas ecológicas: la africana, la asiática, la mediterránea y la euro-siberiana. Todas estas zonas tienen un punto de encuentro en la tierra de Israel.
Israel posee montañas elevadas, desiertos, bosques, pantanos y costas marítimas, además del punto más bajo de la tierra. De hecho, ¡en Jerusalén se pueden cosechar tanto manzanas como naranjas en un mismo jardín, frutas que son, cada una, propias de un clima ya sea frío o tropical! Israel cuenta con dos veces más la cantidad de diferentes especies de árboles que su vecino, Egipto, a pesar de la fértil delta del Nilo. Las aves de tan distantes lugares como Sur América e Islandia pasan el invierno en Israel. Pueden, también, acercarse a esta tierra el lobo siberiano del extremo norte, o el leopardo africano del extremo sur.
Ciertamente, Israel no es tan solo la gloria de las naciones en un sentido espiritual, sino también en sentido literal.
Más importante aún, esta tierra le pertenece a Dios. Él mismo declara en Levítico 25:23 que "la tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo." Dios posee su título de propiedad. De la misma manera en que nosotros podemos pasar el título de propiedad de nuestro vehículo o pertenencia a otro, Dios decidió transferirle el título de Su tierra a un pueblo particular por todos los tiempos.
Dios seleccionó a un hombre para poseer Su tierra, Abraham, porque tenía un plan que realizar: la redención del mundo.
LA TIERRA CON RELACIONAL PUEBLO ESCOGIDO DE DIOS
Hace casi 4,000 años, Dios seleccionó a un hombre llamado Abram para asignarle una tarea especial. Abram era originalmente de Ur de los Caldeos (cerca de lo que es Basra, Irak hoy día), pero vivía en Harán, en la parte sur de Turquía, cuando fue llamado por Dios. Era de 75 años de edad cuando Dios le dijo: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Gn. 12:1-3).
Abram, su esposa estéril, Sarai, y su sobrino Lot partieron de Harán y llegaron a Canaán, donde Dios le dijo: "Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré" (Gn. 13:14-17).
Luego de esperar durante diez años en Canaán por el hijo prometido, llegaron a impacientarse. Sarai le brindó a Abram su sirvienta, Agar, y tuvieron un hijo llamado Ismael. Sin embargo, éste no erael hijo prometido.
Isaac, el Hijo Prometido: Finalmente, después de 14 años (24 años después de la llegada de Abram a Canaán), Dios le habló nuevamente sobre Su promesa. En Génesis 17:7-8, Dios le dice: "Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos." Así confirmó Dios que Su pacto con Abram era uno eterno e incondicional, no temporero. En este momento de la historia, Abram tenía 99 años de edad, y Sarai tenía 90, y aún era estéril. Por esta razón, Abram pensó que Ismael iba a ser el heredero de la promesa.
En Génesis 17:18, Abraham (su nombre nuevo) le pidió a Dios: "Ojalá Ismael viva delante de ti." Pero Dios le explicó que ese no era Su plan, porque Ismael no era el hijo que le había prometido dar. Ciertamente Sara (cuyo nombre también cambió Dios) tendría un hijo, llamado Isaac, el cual sería el heredero y poseedor de las promesas y del título a la tierra. "Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él" (Gn. 17:19)
¿Y qué de Ismael? ¿No era hijo de Abraham, también? Sí, pero Ismael no era el hijo de la promesa.
Dios continuó hablando con Abraham: "Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene" (Gn. 17:20-21).
Lea este verso nuevamente. Isaac habría de recibir la bendición del pacto, y no Ismael. Este es el punto neurálgico en todas las negociaciones de paz hoy día, porque el problema consiste en quién realmente tiene el derecho a la tierra – los judíos o los palestinos. Dios prometió bendecir grandemente a Ismael y a sus descen-dientes, pero no prometió darle la tierra de Canaán, sino que esta tierra fue prometida como herencia alos descendientes de Isaac. Esto es muy crítico, ¡porque muchos árabes sostienen que tienen el título depropiedad a la tierra por ser descendientes de Abraham! Como descendientes de Abraham, ellos podrán
recibir muchas bendiciones, pero NO la tierra de Israel. Esta es para los hijos de Isaac.
Conocemos, también, que Abraham tuvo otros hijos más, y que ellos tampoco heredaron el derecho a la tierra de Canaán. En Génesis 25:1-6, leemos que Abraham le dió algunos regalos a sus otros hijos y los envió a las distantes tierras del oriente: "Y Abraham le dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental."
Jacob, heredero de la Promesa: Luego, Isaac tuvo dos hijos, Jacob y Esaú, y leemos una promesa similar de parte de Dios a Jacob. En Génesis 35:11-12, Dios le dice a Jacob, "...Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra."
¿Y qué de Esaú? En Génesis 36:6-9, podemos leer que Esaú tomó a su familia y se alejó de Jacob y de la tierra de Canaán porque la tierra no los podía sostener a causa de su ganado. Se trasladó al monte de Seir al otro lado del Mar Muerto, región que llegó a llamarse Edom (hoy día, la parte sur de Jordania).
Por causa del Pacto, y por razones históricas, la tierra de Israel le pertenece a los judíos, los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.
¿Han sido despojados los árabes? De ninguna manera. Dios prometió que los bendecería, y actualmente existen 21 estados árabes independientes, y solamente UN estado judío. Además, el territorio combinado del mundo árabe es 650 veces mayor que el territorio de Israel. La tierra de Israel es sólo una vez y media el tamaño de la isla de Puerto Rico, similar al tamaño del estado de Nueva Jersey en Estados Unidos. Por otro lado, los estados árabes ocupan un territorio parecido al de los Estados Unidos, incluyendo a Alaska y Hawaii, junto con 3/4 parte de Canadá, y controlan la mayoría del abastecimiento de petróleo de todo el mundo. No, no se les ha quitado nada a los árabes simplemente porque los judíos han regresado a su antigua tierra de Israel.
¿POR QUÉ ESCOGERÍA DIOS A UN PUEBLO PARTICULAR
Y A UNA TIERRA PARTICULAR?
Hubo una razón muy importante por la cual Dios escogió establecer Sus pactos con Su pueblo escogido en Su tierra escogida.
Verá, Dios escogió a un lugar particular, Israel, y a un pueblo particular, a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, para cumplir un propósito particular.
El pueblo judío fue seleccionado para:
1. ser testigos de la singularidad de Dios en medio de una idolatría universal;
2. demostrarle a las naciones la bendición que hay en servir al verdadero Dios;
3. recibir, conservar y transmitir las antiguas Escrituras; y
4. ser el canal humano por el cual vendría el Mesías, el Salvador del mundo.
La tierra fue escogida con un propósito. Como dicen en la jerga de bienes raíces: localización, localización, localización. A pesar de su pequeño tamaño, Israel está localizada estratégicamente en medio de la ruta comercial del antiguo mundo - entre los grandes imperios de Asiria y Babilonia, al norte, y de Egipto, al sur. Una de las mejores descripciones que se pueden hacer con respecto a su posición sería "La Tierra del Medio". Este es exactamente el lugar donde Dios quiso ubicar a Su pueblo.
De manera ilustrativa, Israel es como la visagra de una gran puerta que une y da paso a las grandes regiones del antiguo mundo. Quien controlaba la tierra de Israel podía ejercer gran influencia sobre los demás países del mundo conocido. Por esa razón el conquistar esta tierra era, y continúa siendo, una meta estratégica para controlar todo el Medio Oriente. Sin embargo, esta tierra no está disponible para el que quiera venir a reclamarla, porque Dios tenía, y tiene aún, un plan con ella.
Dios estableció a Su pueblo en una localidad precaria, pero éste era el sitio preciso donde podía cumplir Su propósito específico. En tiempos de paz o en tiempos de guerra, el mensaje de Dios alcanzaría a todo el mundo.
¿Pero, por qué? Dios pudo haberlos llevado a un desierto remoto del Medio Oriente y haberles creado otro Jardín del Edén. Allí, ellos podrían haber disfrutado tranquilamente de toda la gloria y provisión de Dios, alejados totalmente de los conflictos del mundo. De hecho, podrían haber pasado por desapercibidos en lo más distante del desierto hasta nuestros días, hallados en este siglo sólo porque serían descubiertos y fotografiados desde las alturas con nuestros modernos satélites.
Pero Dios tenía otros planes:
1. La posición estratégica de esta tierra crearía presiones sociales especiales. Podría llamarse "la tierra de la prueba de fe" por las muchas presiones y pruebas que se hallarían en ella. Sin embargo, a través de estas pruebas, y a pesar de todas las fuerzas en su contra, Dios demostró su poder milagroso para sostenerlos y bendecirlos, aún en las circunstancias más difíciles. Su intervención causó que las naciones se fijaran en Él y vieran Su poder.
2. Ya que toda la comunicación, comercio y fuerza militar del antiguo mundo tenía que atravesar esta tierra, el mensaje de la relación de Dios con el ser humano por medio de Su pueblo escogido sería dispersado por todo el mundo.
El pueblo de Israel sería el testimonio viviente de Dios a través de su estilo de vida y su mensaje. En tiempos de paz, los mercaderes y los viajeros podrían ver y escuchar el mensaje de Dios y llevarlo a sus propios países. En tiempos de guerra, Dios demostraría Su poder, defendiéndolos milagrosamente de su enemigo. Este mensaje se comunicaría alrededor del mundo.
El gran rey Senaquerib de Asiria, por ejemplo, invadió a Judea en el año 720 a.C. Cuando llegó a Jerusalén, rodeó la ciudad y se burló del rey Ezequías y del Dios de Israel. Dios intervino, y el ángel del Señor mató a los soldados y oficiales de Senaquerib (2 Cr. 32). El rey Senaquerib retornó a Asiria en vergüenza. No sólo aparece registrada esta historia en la Biblia, sino que también Senaquerib la dejó tallada en piedra, lo cual testifica de la victoria que Dios le dió este día a Israel.
¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE ÉSTO PARA NOSOTROS?
El plan eterno de redención de Dios está descrito claramente en la Biblia. El ser humano pecó, apartándose a sí mismo de Dios. No obstante, Dios deseó comunión con nosotros, y puso en función un plan que involucrara a un hombre, Abraham, y a una tierra, Israel, para poner en efecto la salvación de todo el mundo.
Este plan no ha finalizado aún, y la Palabra profética de Dios está cumpliéndose en todo vigor actualmente en la tierra de Israel y en bien del pueblo judío. Sin duda alguna, ha sido, y continúa siendo, un destino que ha forjado la historia mundial. En mi próximo Estudio, continuaremos este tema de Israel, los Pactos de Dios y la Iglesia. Mientras tanto, como pueblo de Dios que también somos, apliquemos los principios de este mensaje a nuestras propias vidas. El pueblo de Israel fue escogido para ser testimonio de Dios. No contaban con libros, grabaciones, radio ni televisión como nosotros hoy día. Sus propias vidas eran un testimonio vivo del amor y del poder de Dios, las cuales utilizó Dios para dispersar Su Palabra a todos los pueblos del mundo.
Esto también es cierto de nosotros los cristianos. Pablo dice, "Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón" (2 Cor. 3:2-3).
Al igual que Israel, cuando nacemos en el Reino de Dios, el Señor no nos remueve de las presionesdiarias. De lo contrario, nos ubica en las frecuentadas intersecciones de la vida, donde somos rodeados constantemente por el tráfico de gente. Mientras nos encontramos en esos lugares, Dios nos bendice. Cuando surgen problemas, Él está a nuestro lado para protegernos y defendernos. Así como Israel, nuestras vidas también llegan a ser un testimonio para el Dios vivo, a quien servimos.
Dios nunca prometió que nos iba a establecer en un Paraíso mientras vivíamos en la tierra –eso llegará en el futuro. Por lo pronto, Dios nos ha llamado a caminar en caminos de salvación y ser testigos de Él. Tenemos esta oportunidad diariamente, y no debemos depender de que otro lo haga por nosotros.
Al igual que Israel, necesitamos estar arraigados y cimentados en el Señor para que no nos sobrevenga el enemigo, ni se nos apodere el hambre ni la sequía. Este castigo fue lo que experimentó el pueblo de Israel cuando quitó su vista de Dios. Sólo permaneciendo en Él recibiremos Su provisión y protección, lo cual dejará al mundo maravillado y atraerá a otros al Reino de Dios.
Al igual que Israel, no somos una isla en medio del mar. Estamos parados en las encrucijadas de los caminos y de la vida, para que podamos dar gloria a Su Nombre.
(Traducido por: Teri S. Riddering)
(Versión de La Biblia: Reina Valera, 1960.)
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