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La Pascua Judía: Relación con la Santa Cena
La mayoría de los cristianos ven muy poca relación entre la denominada "Semana Santa" y la Pascua judía. Las expresiones idiomáticas han creado una gran distancia entre el significado original de la palabra hebrea Pésaj (que literalmente significa "pasar por encima") y las palabras utilizadas dentro de otro contexto lingüístico.
La mayoría de los idiomas europeos, incluyendo el latín y por consiguiente el español, utilizan una palabra derivada de la palabra Pésaj para identificar esta fiesta, pero no así el inglés. Este idioma ha adoptado la palabra Easter, la que viene del nombre de una diosa pagana anglosajona de la primavera llamada Eostre. La traducción bíblica correcta al inglés para Pésaj es Passover, pero tradicionalmente los cristianos se refieren a la mencionada época como Easter .
Tristemente, cuando el cristianismo alcanzó las costas de Inglaterra, ya la "Iglesia" había perdido mucho de su fundamento hebraico. Podemos reconocer cuán convenientemente incorporaron la fiesta pagana de la nueva vida y fertilidad, celebración inglesa común durante la misma época, a la celebración de la resurrección y nueva vida del Señor. Esta cómoda concesión hizo que las nuevas prácticas cristianas fueran más aceptables a las masas, pero también permitió que la gente continuara con sus prácticas paganas previas, diluyendo la verdadera fe. La "Iglesia" adoptó para sí el uso de símbolos paganos de la fertilidad, como lo eran los huevos en brillantes colores y los conejos, mientras que iniciaron la costumbre de panecillos preparados con masa leudada y con una cruz encima para el Viernes Santo... ignorando totalmente que el día en que recordamos la muerte de Jesús tuvo su origen en la fiesta judía de los Panes sin Levadura, celebrada con masa SIN levadura.
El proceso común de incorporar símbolos paganos de los países entre los cuales se dispersaba la Iglesia hacía que se apartara cada vez más de sus raíces originalmente hebraicas. Al ceder ante costumbres popularmente aceptadas con la intención de que el cristianismo se hiciera más atractivo para el pueblo, fueron introducidas toda clase de distorción a la interpretación bíblica.
Con respecto a la Pascua y la Santa Cena, su desligamiento se remonta a los tiempos de los primeros Padres de la Iglesia. Durante el siglo segundo d.C., algunos de los primeros Padres hicieron declaraciones en contra de los judíos, y se opusieron a que los cristianos celebrasen la Pascua judía. Por ejemplo, Ignacio, obispo de Antioquía, se expresó de esta manera, "Si alguno celebra la Pascua junto con los judíos, o recibe los emblemas de la fiesta, se hace partícipe de aquellos quienes mataron al Señor y sus discípulos." Ésta es la clase de enseñanza que dió lugar al antisemitismo cristiano.
No cometamos el mismo error. Es vital que este tipo de pensamiento no esté albergado en nuestro subconciente mientras realizamos el presente estudio acerca de la Pascua judía.
A medida que recordamos la última cena del Señor con sus discípulos, evento histórico del cual los cristianos recibimos la institución de la Santa Cena de parte de Yeshúa (Jesús), necesitamos reexaminar la Palabra:
"El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua" (Mat. 26:17-19).
Cuando consideramos las referencias del Nuevo Testamento, descubrimos cosas muy distantes a las amonestaciones que hacían nuestros primeros Padres de la Iglesia en contra de guardar las fiestas bíblicas. Podemos ver que Yeshúa y todos Sus discípulos guardaban las fiestas judías. Por las Escrituras, vemos que Yeshúa deseaba comer la Pascua con Sus discípulos antes de Su padecimiento (Luc. 22:15). Aparentemente no tan sólo guardaba las fiestas principales, sino que también guardaba la fiesta de Jánuca, o la Fiesta de la Dedicación (Jn. 10:22). Más adelante, en la fundación de la tradición cristiana, el apóstol Pablo recomendó a los cristianos gentiles que guardaran la fiesta, asegurando hacerlo con toda sinceridad y verdad, y no con malicia y maldad (1Cor. 5:7-8). Pablo también guardaba las fiestas judías, y en una ocasión expresó que no se detendría en Éfeso porque quería estar en Jerusalén para la fiesta de Pentecostés o Sucot (Hech. 20:16).
El propósito por el cual el pueblo de Dios celebraba estas fiestas bíblicas era para recordar y mantener vivas las historias de los milagros que Dios hizo por Su pueblo. Todavía hoy día nos sirven de herramientas educativas muy útiles. Examinemos y descubramos el significado más profundo detrás de estos eventos tan relevantes para la Iglesia, y en particular la Santa Cena, desde la perspectiva hebraica.
La Pascua y los Cristianos
En años recientes, muchos cristianos han demostrado mayor interés en celebrar esta antigua celebración judía. Es sorprendente el cambio, cuando consideramos nuestra historia cristiana y los continuos esfuerzos por desligar la Iglesia del pueblo judío. Algunos cristianos todavían llegan al extremo de llamarse "Nuevo Testamentarios", enseñando que el mensaje del Antiguo Testamento es algo del pasado y que no guarda relevancia con la presente "dispensación de la gracia". Sin embargo, Yeshúa mismo se refirió a esas Escrituras cuando dijo, "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mat. 5:17). La aparición de Jesús sobre la tierra se realizó dentro de un contexto histórico para cumplir el plan redentor de Dios, lo cual fue prometido desde la antigüedad para lograr la salvación del mundo. Sin embargo, Yeshúa y Su mensaje debe verse y entenderse dentro del contexto de las escrituras Antiguo Testamentarias, y el ignorar las mismas puede conducirnos a grandes equivocaciones doctrinales.
La ruptura entre el cristianismo y nuestras raíces judaicas se inició poco después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. al final de la soberanía judía en Jerusalén. Rivalidad y discordia comenzaron a desarrollarse entre los líderes gentiles y el pueblo judío. La Iglesia naciente trató de desacreditar y usurpar la posición del judaísmo como religión legal dentro del imperio romano, derecho que aún no disfrutaba el cristianismo. Ésto ocurría a pesar de que los mismos inicios de la comunidad cristiana eran judías, siendo los creyentes judíos en Yeshúa los principales participantes en el desarrollo inicial de la Iglesia.
Un ejemplo de la mencionada rivalidad y discordia puede observarse en la controversia creada con respecto a la fecha para celebrar el Día de la Resurrección. Durante los primeros años de la Iglesia, este día se celebraba correctamente según el calendario lunar, en conjunto con la semana de la Pascua judía. Sin embargo, en el Concilio de Nicea de 325 d.C., la Iglesia escogió un nuevo método para establecer la fecha de esta celebración, apartándose así de sus históricas raíces hebraicas.
El apóstol Pablo, en las Epístolas a los Romanos y Efesios, demuestra claramente que los cristianos compartimos un mismo pacto con Israel. En Romanos 11 se ilustran a los creyentes gentiles como ramas silvestres, las cuales hemos sido injertadas al buen olivo. Este cuadro del olivo demuestra que las raíces del olivo son el pacto original que Dios hizo específicamente con el pueblo judío (el Antiguo Pacto). Las ramas naturales, los judíos, han sido temporeramente desgajados, y las ramas no naturales, los gentiles, hemos sido injertados por medio del Nuevo Pacto en Yeshúa, de quien recibimos nuestra rica savia (v.17). El Antiguo Pacto de Dios hecho con el pueblo judío es lo que sustenta las nuevas ramas, las cuales son los creyentes aceptos por Dios a través del Nuevo Pacto (v.18).
En Efesios, el apóstol nos dice que nos encontrábamos "alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Ef. 2:12). Sin embargo, ahora hemos "sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (v. 13), la sangre del Cordero. Ya no somos "extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios" (v. 19).
Como cristianos, ahora compartimos con los judíos los mismos pactos, las mismas promesas y las mismas fiestas, inclusive la Pascua. Tenemos el privilegio de compartir con ellos todas sus fiestas solemnes. Las librerías cristianas tienen muchos libros sobre cómo los cristianos podemos celebrar y apreciar en nuestros hogares las lecciones que nos ofrecen las fiestas bíblicas.
Aunque podamos interpretar todas las fiestas judías en términos cristianos, permitamos también que los judíos nos definan el significado de ellas desde su propia perspectiva. Resulta ser una experiencia muy significativa si participamos del Séder (orden) de la cena de Pascua con una familia judía o en una sinagoga local. Los cristianos podemos aprovechar mucho de esta celebración mientras aprendemos directamente de ellos acerca de la fidelidad de Dios con los hijos de Israel cuando los sacó de Egipto.
Preparativos para la Pascua
Miremos más de cerca el orden de la cena de Pascua. De hecho, la semana de Pascua incluye tres diferentes fiestas judías, según mencionadas en Lev. 23: la Pascua (Pésaj ), los Panes sin Levadura, y los Primeros Frutos (lo cual se discutirá en la próxima parte de este estudio).
La cena judía de Pascua se come en la víspera del primer día de Pascua. Esta cena se conoce en hebreo como el Séder. La palabra "séder" significa literalmente "orden", por lo que modernamente se utiliza la palabra "beséder" para representar lo que conocemos como "OK ", o "está todo en orden".
La cena de Pascua se divide en diferentes etapas para asegurar que sean incluídos todos los elementos con relación a las bendiciones, el reconocimiento de los alimentos, los símbolos y el recuento de la historia del éxodo de los hijos de Israel desde Egipto. Se cree que este Séder fue establecido hace más de 3,500 años, sufriendo muy pocos cambios durante los pasados 2,000 años. El propósito es asegurar que la historia de lo que Dios hizo con Su pueblo sea narrada de generación en generación, según el mandato que se encuentra en Éxodo 13:8: "Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace ésto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto."
No tan sólo existe un orden específico para celebrar la Pascua, sino también una manera específica en que debe ser preparada. En Mateo 26:17-19 encontramos que Yeshúa envió a Sus discípulos para hacer los preparativos de la última Cena que iban a celebrar juntos.
¿Qué tipo de preparativos son necesarios hoy día? Los preparativos ahora son un tanto complejos, y pueden tomar unos cuantos días antes de iniciarse la fiesta como tal. Significa primeramente una limpieza muy meticulosa de toda la casa, en especial de la cocina y de todas las áreas en que se haya ingerido alimento. Durante esta semana, sólo se puede comer pan sin levadura (matza), y todo pan leudado debe ser eliminado de la casa. Luego de la cuidadosa limpieza, el padre y los niños de la casa realizan una búsqueda simbólica de los últimos restos de levadura (jametz ) el día antes de la Pascua. Utilizando una vela, buscan y recojen las últimas migajas de pan del piso con una pluma, y las destruyen a fuego.
Durante toda la fiesta de Pascua y de los Panes sin Levadura, ningún establecimiento judío en Israel dispondrá entre su mercancía producto alguno que contenga levadura. Ésto se hace en respuesta a lo que dice en Éxodo 12:19-20: "Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura."
Cuando los judíos dejan de comer alimento con levadura y comen únicamente matza durante siete días, recuerdan de manera tangible el significado simbólico de la levadura y la necesidad de eliminar el pecado de sus vidas. Ésto deja una impresión indeleble sobre sus conciencias.
La minuciosa preparación para la Pascua también debe enseñar a los cristianos muchas cosas. Vemos reflejada en ella una preparación espiritual a la que se refería el apóstol Pablo cuando nos exhortó: "Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad" (1 Cor. 5:7-8).
En la Biblia, la levadura representa la maldad y el pecado. El énfasis de Dios es que debemos limpiar nuestra vida de toda maldad, ya que el Evangelio no tan sólo provee salvación, sino también santificación o purificación. La santificación es un proceso que debe continuar diariamente el resto de nuestras vidas. Pablo nos habla con respecto a esta limpieza cuando nos instruye en torno a la Santa Cena: "...pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa" (1 Cor. 11:28).
Existe otro asunto relevante en la preparación espiritual para la Pascua. Levítico 23:8 ordena que ningún trabajo servil debe ser realizado durante la Pascua. En otras palabras, no se deben llevar cargas durante ésta ni durante las demás fiestas solemnes. Cuando celebramos la Pascua, debemos pedirle a Dios que se lleve todas nuestras pesadas cargas del corazón. Ciertamente, la Pascua es el tiempo en que celebramos la liberación de nuestras cargas y la abolición de nuestra esclavitud al pecado.
Deberíamos, también, invitar la presencia del Espíritu Santo a nuestras vidas, ya que "donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Cor. 3:17). Tradicionalmente, los judíos celebran la cena de Pascua de manera relajada y reclinados sobre almohadones, representando así que ya no son esclavos sino personas verdaderamente libres.
Encendiendo las Velas Festivas
En la víspera de la Pascua, lo primero que se hace es encender las velas festivas. Esta costumbre probablemente tuvo sus comienzos recordando el gran candelabro que una vez se encontraba en el Templo. A la misma vez, el candelabro puede representar el Espíritu Santo, la presencia de Dios en el Templo y también en la Iglesia.
Estas velas son encendidas por la mujer a la vez que recita la oración de bendición sobre la casa. Podemos recordar que fue una mujer, María, la que dió a luz a Yeshúa , la Luz del Mundo.
Los Alimentos de la Pascua
A la vez que existen unos preparativos espirituales, hay unos preparativos físicos que deben realizarse para ordenar la mesa de la Pascua.
Dios es el mejor de los maestros, y nos enseña a través de ayudas visuales. El Séder consiste de unos alimentos específicos que nos ayudan a recordar los grandes milagros que Dios hizo en beneficio de los israelitas para sacarlos de Egipto. Estos alimentos ayudan a contar la historia del éxodo de una generación a otra. Además de estos alimentos especiales, se sirve un delicioso banquete para festejar la liberación. Generalmente, el hombre de más edad en el hogar preside el Séder para narrar la historia del éxodo, dirigir las oraciones pertinentes y ofrecer las explicaciones sobre los elementos que la componen.
Durante el período del segundo Templo (los tiempos de Yeshúa ) la gente generalmente comía alimentos producidos localmente en la tierra de Israel. Aunque existía cierto comercio de comestibles importados, eran escasos y muy caros para la gente común. Sin embargo, para una ocasión como ésta, algunas especias importadas ciertamente tienen que haberse utilizado.
En la cena de Pascua del primer siglo pueden haber servido los siguientes alimentos: frutas secas (como higos, pasas, dátiles y albaricoques secos), vegetales (como zanahorias, pepinillos, apio y perejil), aceitunas y pepinillos conservados en vinagre, nueces, almendras y algarrobo, hojas de uva rellenas, huevos asados, miel, arroz con semillas, cordero guisado, aceite de olivas, pan sin levadura, y vino diluído.
En la mesa se pone un plato especial del Séder con varios artículos. Algunos se comen y otros se ponen allí sólo para que los participantes recuerden los eventos milagrosos del éxodo.
Las Cuatro Copas de Vino
Cada persona en la mesa tiene una copa con vino dulce y diluído para beber en cuatro ocasiones designadas durante el Séder, a medida que se narra la historia:
1. La primera copa, que se bebe al principio del Séder, se llama la Copa de la Santificación.
2. La segunda copa es la Copa del Juicio, tomada mientras se recitan las 10 plagas de la historia del éxodo (sangre, ranas, piojos, moscas, plaga del ganado, úlceras, granizo, langostas, oscuridad y muerte del primogénito). Mientras cada plaga se menciona, los participantes mojan la punta de su dedo en la copa y remueven una gota del vino, porque una copa llena representa la llenura del gozo, y no debe haber gozo mientras los juicios caen sobre los egipcios.
3. La tercera copa es la Copa de la Redención, y se bebe luego del banquete para recordar la redención que Dios les dió para librarlos de la servidumbre.
4. La cuarta copa se llama la Copa de la Alabanza, y se bebe finalizando el Séder cuando se cantan los Salmos 115-118 (Halel). Es un momento de celebración y cántico.
Los nombres de las cuatro copas, y los momentos en que éstas se beben, se basan en cuatro citas de Éxodo 6:6-7 cuando Dios les anunció "Yo soy Jehová...", y prometió hacer cuatro cosas con Su pueblo: 1) Santificación: "yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto"; 2) Juicio: "os libraré de su servidumbre"; 3) Redención: "os redimiré con brazo fuerte"; y 4) Alabanza: "os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios."
Antes de beber cada copa se hace la bendición tradicional en hebreo: "Baruj atá Adonai Eloheinu, melej ha-olam, boré pri ha-gafen" , lo cual significa "Bendito eres Señor, Dios nuestro, Rey del universo, quien ha creado el fruto de la vid." En el momento de la bendición, según la cultura judía, se levanta la vista al cielo para darle gracias a Dios, quien es nuestro Creador y Proveedor.
En toda mesa de Séder se pone una copa adicional para el esperado profeta Elías, quien ha de venir en cumplimiento de las profecías para anunciar la llegada del Mesías. De esta manera, la cena es también una ocasión de expectativa mesiánica.
Matza (Pan sin Levadura)
Matza es un pan sin levadura en forma de galleta tostada. Debido a que la levadura representa el pecado, todo producto leudado es eliminado del hogar en esta época. Los cristianos reconocemos que la vida de Yeshúa era sin levadura, sin pecado, para ser ejemplo a nuestras propias vidas.
Durante la narración del Séder judío, se recita lo siguiente: "¿Qué significa la levadura? Significa la masa que tenían nuestros padres en Egipto, que no tuvo la oportunidad de leudarse delante del Rey de Reyes, el único y Santo Dios, bendecido sea, quien se reveló a sí mismo a ellos y los redimió. Como se ha escrito, 'Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues no había leudado, porque al echarlos fuera los egipcios, no habían tenido tiempo ni para prepararse comida' " (Éx. 12:39).
Hoy día, la masa fresca de la matza es rayada y agujereada antes de ser horneada (como lo fue Yeshúa al ser azotado y traspasado), para así asegurar que la masa no sea leudada.
Sobre la mesa del Séder hay tres matzot (matza en forma plural), envueltos en un paño ceremonial. Éstos tienen un significado muy especial, lo cual será discutido más adelante bajo la sección titulada Afikomen .
De la misma manera en que se bendice el vino antes de beberlo, hay una bendición tradicional a ser pronunciada antes de ingerir el pan: "Baruj atá Adonai Eloheinu, melej ha-olam, le-jem min ha-aretz." Ésto significa "Bendito eres Señor, Dios nuestro, Rey del universo, quien produce pan de la tierra."
Es muy probable que cuando Yeshúa celebraba el Séder con Sus discípulos, e instituyó la Santa Cena, debió haber pronunciado estas mismas bendiciones sobre el pan y el vino.
Hueso de Cordero
El hueso del cordero representa el cordero pascual. Durante la tarde, previo a la n oche en que el Ángel de la Muerte visitaría a Egipto, Dios ordenó a los israelitas que mataran un cordero sin mancha y sin defecto, y que pintaran los postes y el dintel de sus puertas con la sangre del cordero. Al pasar sobre las casas el Ángel de la Muerte y ver la sangre del cordero, éste pasaría de largo, y todos adentro serían guardados de los horrores de la muerte. Aquellos que no hicieron ésto, sufrieron la pérdida del primogénito de la familia.
Como la promesa incluía todos aquellos que obedecieran las instrucciones dadas a Moisés, es posible que algunos egipcios, temerosos de Dios, pudieran haber sido librados al hacer lo mismo. Por otro lado, si algún hebreo ignoraba las instrucciones, el Ángel de la Muerte seguramente entraría a su hogar y sufriría la plaga destinada para los egipcios. El creer y el poner en práctica la Palabra de Dios conlleva bendición o, de lo contrario, incurrirá en maldición, por lo que debe ser tomada muy en serio.
Maror (Hierbas amargas)
Las hierbas amargas que se comen durante el Séder, usualmente el rábano, nos recuerdan la amargura de la esclavitud en Egipto. A los cristianos también nos recuerda la amargura de la esclavitud al pecado. El que preside la cena levanta las hierbas amargas y dice, "¿Estas hierbas amargas, qué significan? Los egipcios amargaron las vidas de nuestros padres en Egipto, según está dicho, 'Amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor'" (Éx. 1:14).
Hay muchos cristianos que sienten que es permisible regresar ocasionalmente a "Egipto" (al pecado). Creen que pueden pecar sin tener que sufrir alguna consecuencia amarga. Aquí, durante la cena del Séder , todos tienen la oportunidad de probar el sabor amargo de "Egipto". Seguramente, usted no deseará regresar a Egipto, ¿verdad?
Jaróset
Ésta es una pasta dulce de manzanas picadas, nueces, pasas, canela y vino dulce o jugo de uvas. Sirve para recordarnos la mezcla de barro que era utilizada para hacer los ladrillos en Egipto. Su dulzura representa la presencia de Dios en medio del pueblo, a pesar de la penosa servidumbre. Su presencia hizo posible alguna dulzura en medio de la situación amarga y difícil.
Karpas (Vegetales verdes)
Una pequeña porción de perejil o apio es introducida a un plato hondo que contiene agua salada, y luego es ingerida. Ésto sirve para recordar varias cosas: 1) el color verde de la primavera, durante la cual se celebra la Pascua, 2) el hisopo que fue utilizado para pintar los postes y dinteles de las puertas la noche de la liberación de Israel, ó 3) el agua salada del Mar Rojo, el cual atravesaron los hijos de Israel como gentilicio sin definición nacional, saliendo a la otra orilla del mar como nación propiamente establecida. También es tipo de un bautismo, o mikvé judío. Sobre todo, podría recordarnos las lágrimas saladas que fueron derramadas mientras vivían los israelitas en Egipto (o los cristianos mientras vivíamos en el pecado).
Huevo asado
El huevo asado es una reciente adición al plato del Séder. Algunos dicen que es un recordatorio de la destrucción del Templo, y sustituye el hueso del cordero sacrificado que ya no es posible hacer porque no existe Templo hoy día. Otros dicen que representa al pueblo judío, el cual ha sobrevivido severa persecución en el exilio por más de 2,000 años. El huevo es el único alimento que se endurece mientras más tiempo se cocina. Igualmente, los judíos alrededor del mundo han sobrevivido como pueblo a pesar de sufrir grandes tribulaciones y dolores.
Afikomen (Postre)
Quiero que miremos ahora más de cerca una matza especial.
Aunque hay suficiente cantidad de matzot sobre la mesa para ser consumida durante la cena, hay tres matzot que se ubican sobre un plato especial (o en una envoltura especial), separada una de la otra. Éstos representan los siguientes: 1) la matza de encima: el Dios Creador que está en el cielo, 2) la matza del fondo: la humanidad que se encuentra en la tierra, y 3) la matza de en medio: el Sacerdote Intercesor. Al principio del Séder, los tres matzot son bendecidos, y la matza de en medio es removida, bendecida, quebrada, envuelta en un paño blanco, y escondida hasta finalizar la cena. Ésta se llama el Afikomen, una palabra griega que significa literalmente "postre". Los niños en el hogar buscan esta matza escondida, y el hombre primordial de la casa la "compra" con un pequeño regalo o moneda del niño que la halla. Entonces es nuevamente bendecida y compartida entre todos para comer con la tercera copa de vino, la Copa de Redención.
Para el cristiano, el Afikomen es un cuadro claro y preciso de Yeshúa. Esta matza representa al Mesías y Su vida sin levadura, o sin pecado. No hubo nada que lo inflara de orgullo. En una ocasión, el Señor dijo, "viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí" (Juan 14:30). El pecado hace que nos inflemos de vanidad y orgullo (1 Cor. 5:2), pero no hubo nada de ésto en Yeshúa.
La matza es rayada y perforada. Las Escrituras nos dicen que, "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados..." (Is. 53:5). También sabemos que fue traspasado a punta de lanza, como nos dice en Salmos 22:16: "horadaron mis manos y mis pies".
Tal como el Afikomen representa al sacerdote intercesor, que luego es quebrado, envuelto en un paño blanco y escondido, así también nos recuerda cómo nuestro Señor Yeshúa es nuestro Sacerdote Intercesor, quien fue también afligido y quebrado, envuelto en el lino blanco de la sepultura y escondido por tres días en la tumba.
La Pascua y la Santa Cena
El Afikomen tiene significado para el cristiano ya que fue éste la porción del pan que Jesús bendijo y dió a Sus discípulos cuando instituyó la "Santa Cena" o "Cena del Señor". Creo que ésta fue la razón por la cual dijo, "¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes de que padezca!" (Luc. 22:15).
Leemos en Mateo 26:26, "Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; ésto es mi cuerpo". Pudo haber sido éste el momento en que Jesús bendijo y bebió la tercera copa de vino durante el Séder , o sea, la Copa de la Redención.
La tercera copa de la Pascua, la Copa de la Redención, nos recuerda la promesa que hizo Dios en Éx.6:6, "os redimiré con brazo fuerte..." Los cristianos podemos ver el cumplimiento más perfecto de esta promesa en Yeshúa cuando fue crucificado. Sus brazos fueron extendidos y clavados a la cruz. Su preciosa sangre fue derramada en sacrificio por la humanidad para que todos pudiéramos obtener perdón de pecados y salvación. Ahora verdaderamente podrá pasar el Ángel de la Muerte por encima nuestro sin tocarnos, gracias a la sangre del Cordero en nuestras vidas, el Mesías Yeshúa. Juan el Bautista dijo, "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).
Leemos en Mateo 26:27-28 que Jesús, "...tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados".
El apóstol Pablo dijo con respecto a este pan y esta copa, "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Cor. 11:26).
Nosotros, como hijos adoptados de Abraham, podemos regocijarnos mucho más en la conmemoración de la primera Pascua ya que podemos celebrar la segunda Pascua efectuada mediante el sacrificio de Yeshúa, el Cordero de Dios. Jesús se sacrificó a sí mismo por nosotros, fue puesto en la tumba y resucitó, conquistando la muerte para que pudiéramos tener vida eterna en el Reino de Dios.
Ésta es la celebración que hacemos cada vez que comemos la Santa Cena o la Cena del Señor. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros estamos verdaderamente conscientes de la relación que existe entre la primera Pascua y los eventos sucedidos durante la Semana Santa en que Yeshúa instituyó la Santa Cena como el "Nuevo Pacto en Su sangre"?
Personalmente, el haber conocido el trasfondo a la cena de la Pascua originalmente celebrada por Jesús, dentro del contexto de las costumbres judaicas, ha aportado mucho a mi apreciación del acto que los cristianos conocemos comúnmente como la "Santa Cena".
La típica mesa de la Pascua Judía del primer siglo: ¿Dónde se pudieron haber sentado los discípulos durante la última cena?
Posiblemente piense usted que tendrá poca importancia la posición que ocupaban los discípulos alrededor de la mesa durante su última cena con el Señor. Sin embargo, no es así. Si comprendemos algunas costumbres históricas del primer siglo, podremos comprender mejor algunos de los eventos narrados en los Evangelios.
Primeramente, debemos conocer algunas costumbres con respecto a la forma de la mesa en sí. La cena de Pascua se celebraba a manera típica de las personas ricas de su tiempo, en específico, de los romanos adinerados y poderosos. Por tal razón, los judíos se reclinaban alrededor de una mesa en forma de "U", o sea, de un triclinio romano construído como seis pulgadas sobre el nivel del piso. Celebraban su libertad de la tierra de Egipto acomodándose sobre cojines acolchonados en el piso alrededor de este triclinio. Era costumbre reclinarse sobre el lado izquierdo mientras comían con la mano derecha. Todos miraban en la misma dirección, uno detrás del otro, y a menudo se dificultaba la conversación con la persona ubicada a sus espaldas.
Si imaginamos que vemos el triclinio de frente, vemos las extensiones de la mesa hacia nosotros, y la sección que las une se encuentra al fondo contra la pared. En la extensión del lado izquierdo se sientan los invitados de más honra, mientras que en la extensión del lado derecho se sientan las personas de menos honra. La persona ubicada en el último lugar de la mano derecha era la de menos importancia, y se consideraba como el Sirviente de la mesa. Si no tenían sirvientes adicionales para servir a la mesa, a éste le correspondía buscar la comida o la bebida, y tenía que servir a los demás.
El anfitrión del banquete, quien pudiera ser un rey o un gobernante importante, se sentaba en el segundo asiento de la extensión izquierda (el asiento #2). El que se ubicaba en el primer asiento, a su derecha, era su amigo de más confianza. ¿Por qué? Porque esta persona protegía al anfitrión. Si alguien le trataba de envenenar, el amigo en el asiento #1 era quien probaba la comida o bebida primero. Igualmente, si alguien entraba a la habitación para atacar con lanza o puñal al anfitrión, el amigo del asiento #1 iba a ser quien recibiera el ataque porque estaba al frente suyo. Por otro lado, el lugar reservado para el invitado más distinguido del banquete era el tercer asiento, a la izquierda del anfitrión, o sea el asiento #3. En otras palabras, los lugares de más honra en una mesa de banquete eran los asientos a ambos lados del anfitrión. Es por esa razón que la madre de Jacobo y de Juan le pidió a Jesús: "Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda" (Mat. 20:21).
Mi amigo y colega de Recursos Bíblicos de Jerusalén, el Dr. James Fleming, propone varias teorías con respecto a la posición que los discípulos pudieran haber ocupado alrededor de la mesa en la última cena del aposento alto con Jesús, basado en los narrativos de los Evangelios y las costumbres aceptadas durante esa época. Éste expresa lo siguiente:
Primeramente, sabemos por seguro que Jesús ocupaba el asiento #2 ya que Él era el anfitrión. También podemos concluir que el apóstol Juan estaba en el asiento #1, porque Juan 13:23 nos dice que el discípulo, "al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús". Creemos que estaba del lado derecho de Jesús, porque Pedro le hizo señas de que le preguntara quién le iba a entregar. La Biblia nos dice que Juan, "recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?" (Jn. 13:25). Alrededor de un triclinio, la única manera en que una persona puede hablar con el que está a su lado izquierdo es reclinándose casi sobre el pecho de la persona debido a que todos se reclinaban sobre su codo izquierdo. (Volveremos a tocar este asunto un poco más adelante.)
Ahora, ¿quién estaba sentado en el asiento #3? Muchos creen que Judas estaba en ese lugar. Cuando Yeshúa respondió a la pregunta de Juan en cuanto a quién lo entregaría, dijo, "El que mete la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar" (Mat. 26:23). Como todos comían de platos comunes, y ninguno tenía su propio plato, las personas a cada lado comían del mismo plato que uno. Si no se refería a Juan, el otro candidato que lo pudiera traicionar estaba a su lado izquierdo. Pero, ¿por qué razón Jesús ubicaría a Judas, de entre todos los demás discípulos, en el asiento del invitado más distinguido? ¿Por qué no sentó allí a Pedro, uno de los discípulos más cercanos de Jesús y quien había ayudado a Juan en la preparación de la cena de la Pascua? Quizás era la manera en que Jesús le quería decir a Judas, "Ya conozco lo que has hecho para traicionarme, pero quiero que sepas que te amo a pesar de ello." Este gesto de amor debió haberle causado tanto remordimiento a Judas por haber traicionado a quien todavía le amaba, que sintió que su única escapatoria era ahorcarse.
¿Y dónde estaba sentado Pedro? Después de todo, era uno del círculo íntimo de los amigos de Jesús. Se piensa que pudo haber estado en el asiento del Sirviente. Hay tres buenas razones para suponer tal cosa.
En primer lugar, sabemos que Pedro era de personalidad impetuosa y apasionada. Después de haberse esmerado él y Juan haciendo los arreglos para la Cena, debió imaginarse que le correspondería uno de los asientos de honra, a uno de los dos lados de Jesús. Cuando vió que Jesús le asignó el asiento a su derecha a Juan, ¡cuánto no sería su sorpresa cuando sentó a Judas a su izquierda!
El impulsivo Pedro, pudiendo haberse sentido herido al no ser elegido, debió haberse acordado de lo que Jesús dijo acerca de la humildad: "Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa" (Luc. 14:8-10). Con una mirada triste y ofendida, debió haberse dirigido al último asiento del triclinio, pensando que Jesús vería su lealtad y devoción y lo movería a un asiento más cercano al suyo. Debió haber echado una mirada en dirección de Jesús mientras se reclinaba en el asiento del Sirviente, esperando que en cualquier momento fuese promovido de lugar. Pero no fué así.
Hay una segunda indicación de que Pedro pudiera haber estado en el lugar del Sirviente. Se supone que a Pedro, por estar en esa posición, le tocaba lavar las manos a los discípulos y a Jesús antes de comer, tomando lebrillo y toalla en mano. Si lo llegó a hacer o no, las Escrituras no lo relatan. Sin embargo, podemos leer que Jesús sí lo hizo. Siendo un buen maestro, Jesús aprovechó esta oportunidad para enseñar a Sus discípulos sobre la actitud de un siervo a través de Su propio ejemplo. Se levantó luego de que estuviesen todos reclinados, tomó una vasija de agua, se ciñó con una toalla, y comenzó a lavarles los pies a Sus discípulos. Es posible que Pedro se haya dado cuenta de su error al no haber lavado las manos a los demás, y se sintiera avergonzado por su egoísmo ante la humildad desprendida del Señor. Parece que el último discípulo a quien Jesús se le acercó para lavarle los pies fue a Pedro, quien objetó de manera típicamente explosiva. La conversación narrada en Juan 13:6-9 va como sigue:
---Señor, ¿tú me lavas los pies?
---Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.
---No me lavarás los pies jamás.
---Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
---Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.
¡Cuán sorprendidos y perplejos estarían los discípulos al ver a su Maestro lavando sus pies! Éste era el Señor, pero realizaba un oficio de los más serviles. Yeshúa vivió perfectamente según la ley de la Torá , pero a la vez fue capaz de retar las tradiciones judías ya carentes de significado y de vida. Le dió aliento de vida a los antiguos mandamientos. La cena de Pascua fue otra de las muchas maneras en que el Señor aprovechó para revelarse a sí mismo ante los discípulos para que pudieran conocer más de cerca Su carácter y quién verdaderamente era.
Jesús les dijo: "...¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis" (Jn.13:12-17).
Terminando de demostrar tan incomprensible amor y hermandad a Sus discípulos, Yeshúa pronunció las palabras más extrañas hasta ese momento, "De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar" (Mat. 26:21). Todos los discípulos se entristecieron en gran manera, y le comenzaron a preguntar, "¿Soy yo, Señor?" (Mat. 26:22). El evangelio de Juan nos narra lo que se cree es la tercera razón por la cual Pedro estaba sentado en el asiento del Sirviente. Juan 13:24 dice, "A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba."
Tenemos por cierto que todos los que cenaban alrededor de un triclinio se reclinaban sobre el costado izquierdo mientras comían. Si Juan estaba sentado en el lugar #1, solamente podía ver al que le quedaba al lado opuesto del triclinio. No podía ver hacia atrás, ni tenía a nadie de frente. Pedro se preguntaba si fuese él quien iba a traicionar a Jesús, pero como ya estaba tan humillado por su presuntuosidad, decidió hacerle una señal a Juan con la mano, o quizás pudo haberle tirado una aceituna, para que Juan le preguntara a Jesús más concretamente el nombre de ese traidor. Por tal razón, Juan se recostó en ese momento sobre el hombro del Señor. Jesús demostró quién habría de ser el traidor cuando compartió un bocado de pan mojado con Judas, el discípulo en el prestigioso asiento #3 (Juan 13:26). A pesar de que nadie entendió el mensaje sino Judas, Jesús le dijo luego, "Lo que vas a hacer, hazlo más pronto" (Juan 13:27). Es interesante notar que Judas se levantó de la cena para realizar sus planes de traicionar a Yeshúa antes de que instituyera el Nuevo Pacto.
Muy a menudo en nuestro andar con el Señor somos como Pedro. Creemos que merecemos el primer lugar. Queremos recibir prestigio y menciones honoríficas porque nuestra propia carne tiende a ser egoísta y egocéntrica, pero luego Dios nos humilla. Posiblemente todos necesitamos sentarnos en el "asiento del Sirviente" para que aprendamos que "...el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo" (Mat. 20:26-27). En el libro de Hechos de los Apóstoles podemos apreciar que Pedro aprendió la lección. Llegó a ser verdaderamente un siervo de Dios, dispuesto a llevar el evangelio a otras partes del mundo, y Dios lo honró como uno de los líderes máximos de la primera Iglesia.
Otras lecciones que podemos aprender de fiestas relacionadas a la Pascua
La "Santa Cena" que Yeshúa comió con sus discípulos esa última noche antes de ser entregado fue realmente una cena de Pascua al estilo judío. Si estudiamos las costumbres de la cena judía de la Pascua captamos el significado más profundo y espiritual detrás de ello, y vemos cosas que no habíamos visto previamente.
De la misma manera, hay costumbres judías que explican otros eventos significativos en la vida de Jesús, como la aprobación del cordero sin mancha para el sacrificio de la Pascua, la fiesta de los Panes sin Levadura, la fiesta de las Primicias (los primeros frutos), y la fiesta de las Semanas (Shavuot , en hebreo).
Cuatro días antes de sacrificar el cordero de la Pascua, cada familia debería llevar su cordero al sacerdote del Templo para que hiciera su acostumbrada inspección (en el día 10 de Nisán, según el calendario judío). Fue éste el día en que Yeshúa, el Cordero de Dios, se presentó ante Dios al Templo para que fuese inspeccionado por Él. Este evento lo conocemos en el mundo cristiano como el Domingo de Ramos. Yeshúa entró a la ciudad montado sobre un asno, y fue recibido jubilosamente por el pueblo, con exclamaciones de ¡Hosanna! (que significa "¡sálvanos!"), tal como profetizado en Zac. 9:9. Luego, Jesús entró a purificar el Templo de los ladrones, fue inspeccionado y también aprobado por Dios para realizar Su sacrificio por nuestros pecados (Mat. 21:1-16).
El apóstol Pedro comenta el suceso de la manera siguiente: "...sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación..." (1 Ped.1:18-19).
Luego el jueves por la noche, 14 de Nisán, durante la fiesta de la Pascua, Yeshúa fue traicionado y entregado para el sacrificio (Mat. 26:14-16). Al día siguiente fue azotado y herido, crucificado con los pecadores, envuelto en telas de lino blanco y enterrado durante la fiesta de los Panes sin Levadura (Matza), siendo éste el viernes, 15 de Nisán (Lev. 23: 5-6).
El día después del primer sábado de la Pascua (que corresponde al primer día de la semana, o domingo), el día señalado en la Ley para celebrar la fiesta de las Primicias o de los primeros frutos (Lev. 23:10-11), ¡Yeshúa resucitó de los muertos! "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho" (1 Cor. 15:20).
Al transcurrir cincuenta días de ese domingo, los judíos celebran la fiesta de las Semanas o Shavuot (Lev.23:15-16), conocida como "Pentecostés" según la terminología cristiana basada en el idioma griego. La tradición judía también conmemora ese día el recibimiento de la Torá por Moisés, además de la Celebración del Agua. Los niños judíos acostumbran jugar echándose agua el uno al otro, y sobre cualquiera que pudieren. Durante este día, los cristianos celebramos Pentecostés, recordando la vida y la gracia recibida de parte de Dios nuestro Padre por medio del Espíritu Santo, el agua de vida. "...recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8).
Mientras celebre usted la época de la Semana Santa, procure asistir a una presentación del Séder , o una cena de Pascua judía, para conmemorar la primera Pascua y la redención judía realizada siglos atrás en Egipto. También, experimente el significado completo de la Semana Santa y la Santa Cena del Señor en la celebración de la segunda Pascua del Nuevo Pacto.
En Mateo 5:17, Yeshúa nos dice: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir." Ciertamente, no fue Su intención que la Iglesia se desvinculara de sus raíces hebraicas como lo ha hecho. Si leemos y aplicamos toda la Palabra de Dios, incluyendo el Antiguo Testamento, podemos entender mejor el carácter de Dios y el de Su Hijo Jesucristo, y ser mejores discípulos.
(Traducido por Teri S. Riddering)
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