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“ACUÉRDATE DEL DIA DE REPOSO PARA SANTIFICARLO"

Por muchos siglos, el sábado ha sido uno de los temas más argumentados y controversiales dentro del cristianismo. Los que afirman que se debe adorar a Dios exclusivamente en día sábado frecuentemente se distancian de quienes adoran a Dios los domingos, mientras que muchos cristianos que prefieren usar el domingo para la adoración, al cual denominan “sábado cristiano,” reaccionan tan a la defensiva que también provocan división en el Cuerpo del Señor, o Cuerpo del Mesías.

Evidentemente, no puedo escribir un estudio sobre el ‘shabat’ (sábado en hebreo) sin argumentar el sensitivo asunto del día de la adoración entre el sábado y el domingo. Sin embargo, dejaré esa discusión para la parte final de este estudio, luego de que hayamos visto la manera en que Dios describe el ‘shabat’ y hemos captado la belleza de su práctica durante tiempos bíblicos.

Por este medio, espero que los cristianos, quienes opinan que cualquier tipo de observación del sábado es algo que sólo compete a los judíos, puedan ver que existen principios eternos en torno a “santificar el sábado.” Los cristianos también pertenecemos al pueblo de Dios y podemos honrar las Escrituras en algunas maneras semejantes a los judíos.

Orígenes del Sábado

En el principio… “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación" (Gén. 2:1-3).

Dios celebró el primer sábado. En el día séptimo, después de haber concluido Su obra creadora, descansó. Es importante recalcar que Dios mismo, mucho antes de dar los Diez Mandamientos a Moisés, dio el ejemplo de descansar en el día séptimo o sábado. Luego, en el Monte Sinaí, Dios ordenó que los hijos de Israel y sus futuras generaciones guardasen el sábado para santificarlo.

En el libro de Levítico, Dios describió las “fiestas del Señor,” que también incluye los sábados. Dice así: "Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas: Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis" (Lev. 23:2-3).

Debe notarse que el sábado también era una de las fiestas solemnes, junto con Pascua (Pésaj), Pentecostés (Shavuot), Fiesta de los Tabernáculos (Sucot), y demás. Frecuentemente se denominan estas fiestas como las “fiestas judías”, porque han sido los judíos quienes las han guardado fielmente por tantos siglos. Sin embargo, quiero aclarar que la Biblia no las llama “fiestas judías”, sino “fiestas de Jehová.” Todo el pueblo de Dios debe aprender acerca de su significado, porque ellas nos hablan del amor y cuidado de Dios hacia Su pueblo.

Cuando los cristianos interpretamos correctamente el Nuevo Testamento, vemos que por medio de Jesús también somos parte de los pactos de Dios hechos con el pueblo judío (Ef. 2:11-13) y hemos sido injertados en el bueno olivo juntamente con las ramas naturales (Rom. 11:13-25). Somos ahora hijos adoptivos de Abraham y copartícipes en la herencia de las promesas (Gál. 3:7). Somos parte del plan eterno de Dios para redimir el mundo. Cuando guardamos las fiestas del Señor, nos unimos al pueblo judío para recordar y celebrar los milagros que Dios hizo por ellos, y podemos igualmente disfrutar las bendiciones que les dio. No hay razón para que los cristianos no podamos celebrar las fiestas bíblicas así como lo hizo la iglesia del primer siglo. De hecho, puedo declarar que como cristiano, he descubierto la enorme bendición que existe en guardarlas, ya que me han enseñado grandes profundidades acerca de Dios, de Su amor por Su pueblo, de Su plan por redimir el mundo y las raíces bíblicas de mi fe cristiana.

El patrón de separar el séptimo día para descansar también se observa en Su mandato de no cultivar ni trabajar la tierra cada séptimo año, llamado en hebreo ‘shmitá’, o año sabático (Éx. 23:10-11; Lev. 25:3-22). Luego, el año del jubileo cada cincuenta años tiene el propósito de dejar descansar la tierra otro año más. De esa forma, se cultiva la tierra en siete ciclos de seis años cada uno, descansando cada séptimo, y entonces también descansa el quincuagésimo año. Dios prometió proveer a Su pueblo gran abundancia durante el año anterior al ‘shmitá’ y Jubileo, para que su alimento dure los dos años posteriores hasta que puedan nuevamente recoger el producto de la tierra.

Shabat, un Día para Descansar

En hebreo, el sábado se llama ‘Yom Shabat’, literalmente el séptimo día de la semana. Mi familia y yo hemos vivido muchos años en Israel, y hemos podido celebrar el shabat en hogares de muchas amistades judías. No puedo expresar cuánto nos han bendecido esos días tan especiales.

El shabat es una de las prácticas más comunes dentro del judaísmo, pero también la menos comprendida. La gente que no guarda el shabat piensa que es un día lleno de restricciones gravosas, o que es un día cuando únicamente se puede orar. Sin embargo, para aquellos que celebran el shabat, es un regalo preciado de Dios, un día por el cual se espera ansiosamente. Al final de la semana, se pueden dejar a un lado las preocupaciones cotidianas y dedicar tiempo para cosas más espirituales y para la familia. En la literatura judía, tanto en sus poesías como sus cánticos, el shabat se describe como una novia o reina, según se encuentra en el himno popular: “Lejá dodí likrat kalá”, que significa “Ven, mi amada, para recibir la novia [de shabat].” No significa que se idolatra el día, sino que se personifica, como cuando se espera por un ser querido o se ansía la llegada del día de bodas o un evento especial. Hay una frase común que dice: “No es tanto que Israel haya guardado el shabat, sino que el shabat ha guardado a Israel.”

Celebrar el shabat es la práctica judía más importante, porque es la única fiesta bíblica que aparece ordenada en los Diez Mandamientos, siendo mayor aún que Yom Kipur (o el Día de la Expiación). Shabat viene cada semana, y provee más oportunidades para que las personas se reúnan en la sinagoga y lean la Torá de manera consecutiva. Dada su frecuencia, tiene la capacidad de formar profundos patrones positivos de pensamiento y conducta. También es un día ideal de reunión familiar para honrar y recordar a Dios y amarse cada cual. Tristemente, nuestras sociedades modernas carecen de esos momentos especiales de unidad. A menudo ambos padres trabajan fuera, y los hijos están ocupados es sus propias actividades con sus amigos.

Entonces, ¿qué es shabat? Shabat es principalmente un día para que la familia pueda disfrutar de descanso y enriquecimiento espiritual. La palabra hebrea consiste de tres letras: shin, bet y tav, que significa cesar, desistir o descansar. Es un regalo que Dios da cada semana. Aunque los judíos sí pasan buen rato orando en las sinagogas, el shabat no es específicamente un día de oración. La oración no es lo que distingue el shabat del resto de la semana, porque los judíos más ortodoxos oran todos los días, tres veces al día, y no solamente en shabat. Aunque los judíos hacen una cena especial en ‘erev shabat’ (la noche previa al shabat), éste no se considera específicamente un día de banquete, como tampoco los cristianos consideramos el domingo un día de banquete sólo porque tenemos una cena especial los domingos por la tarde.

En la mayoría de las naciones donde se disfruta un fin de semana libre, no podemos apreciar cuán radical era ese concepto con relación a las civilizaciones pasadas. Las sociedades antiguas nunca conocieron siquiera un día de descanso semanal. El descanso era un lujo solamente para los excepcionalmente adinerados, nunca para la clase obrera. La idea era inconcebible.

Los antiguos babilónicos tenían un día mensual para descansar llamado ‘shappatu’, el que celebraban cada luna llena, pero era un día considerado de mala suerte. Los antiguos griegos y romanos percibían a los judíos como vagos, porque insistían en tener un día “feriado” cada siete días. Como resultado, los pueblos los odiaban y los perseguían. Los judíos que no cedían ante la presión por asimilarse, arriesgaban su riqueza y a veces sus vidas con tal de mantener sagrado el día sábado. A pesar del riesgo, los judíos siempre consideraron el shabat como un regalo de Dios, y nunca dejaron de guardarlo.

Recordando y Guardando el Shabat

Existen dos mandamientos respecto al shabat, que son: acuérdate ('zajor') y guardarás ('shamor').

Zajor: Acuérdate...

Dios ordena recordar el shabat, pero eso implica mucho más que meramente no olvidar de observarlo. También significa recordar el significado de shabat, a manera de conmemoración de la creación y la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud egipcia.

En Éxodo 20:8-11, Dios establece el cuarto mandamiento de la siguiente manera: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó".

En ese pasaje, Dios relaciona el shabat con la creación y Su propio día de descanso. Cuando descansamos y santificamos el séptimo día, estamos recordando y reconociendo que Dios es Creador del cielo, la tierra y todos los seres vivientes. Imitamos Su divino ejemplo, dejando de trabajar en el séptimo día. Después de todo, si Dios pudo dedicar un día para descansar, ¿nuestro trabajo será más importante que el Suyo?

Shabat también es mencionado en Deuteronomio 5:15. Moisés repite los Diez Mandamientos, pero añade lo siguiente respecto al shabat: " Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo" (Deut. 5:15). Usted se podría preguntar, ¿qué tiene que ver el éxodo con descansar el séptimo día? Shabat enfatiza la libertad. Como les dije anteriormente, el descanso era algo que sólo lo podían hacer los de la clase alta. Los esclavos nunca tenían un día de descanso. Por esa razón, el shabat implica libertad. Ninguno hoy día está esclavizado para trabajar los siete días de la semana sin descanso, ¿pero cuántos de nosotros nos hemos esclavizado voluntariamente a una vida de trabajo los siete días de la semana? ¿No es maravilloso que Dios no nos obliga llevar esa carga, sino que desea que dediquemos un día semanal a descansar y estar con nuestras familias? Depende de nosotros para aprovecharlo. Más aún, Dios promete prosperarnos si somos fieles al día de descanso, quizás por encima de lo que pudiéramos nosotros lograr por cuenta propia (Is. 58:13-14). Dios prosperaba a Su pueblo en el año de ‘shmitá’, o el séptimo año sin cultivar la tierra. El shabat es un regalo de Dios para nosotros, pero tristemente, muy pocos lo aprovechamos.

El shabat nos libera de nuestras preocupaciones rutinarias, de nuestros compromisos e itinerarios. De hecho, se supone que no traigamos a memoria nuestras preocupaciones durante el shabat. Tenemos los próximos seis días para resolver los problemas, pero el shabat es un tiempo divino para estar libres de carga y preocupación de manera que podamos disfrutar nuestra relación con Dios y nuestras familias. ¡Qué regalo tan preciado!

Durante la semana, somos esclavos al trabajo, la deuda, nuestros compromisos y la urgencia de proveer para nuestras necesidades. En el shabat, hemos sido liberados de esas preocupaciones, al igual que los hijos de Israel fueron liberados de su esclavitud en Egipto.

Shabat es un momento para recordar el Éxodo y el Dios que nos da la libertad. Nos libera de nuestras obras para que podamos disfrutar Su presencia y la vida que nos ha otorgado.

Shamor: Guardarás

El segundo mandato respecto al shabat es “guardarás”. Porque el judaísmo ha existido por 4,000 años, los judíos han detallado un sinnúmero de normas para celebrar y practicar este mandamiento de Dios. Existe una larga lista de cosas que se deben hacer, y otras que no se deben hacer. Por otro lado, tenemos que recordar que Dios nos quiere librar del trabajo, y no nos desea limitar negativamente. La idea es que podamos descansar para recibir una renovación espiritual, y disfrutar a Dios y nuestra familia.

Como regla general, dejar de trabajar significa dejar de ejercer cierta cantidad de fuerza física o de realizar el mismo tipo de trabajo que hacemos regularmente en la semana. Si aplicamos esta definición, el prender o apagar la luz eléctrica sería permitido, y las actividades de un rabino en el shabat, las mismas que realiza durante la semana, no serían permitidas. Sin embargo, la ley judía actualmente prohíbe lo primero, y permite lo segundo. Por tal razón, los no-judíos a veces concluimos que la ley judía no tiene sentido.

El problema no reside en la ley bíblica, sino en la definición que la ley judía da por “trabajo.” La Torá no se refiere a “trabajo” según el contexto de nuestro siglo veintiuno. Cuando se refiere al shabat, la Biblia utiliza la palabra hebrea ‘melajá’ (?????). Antes de que podamos comprender las restricciones del shabat, debemos entender lo que se entiende por este concepto.

La palabra melajá se refiere generalmente a un tipo de trabajo creativo, o el que es necesario para ejercer dominio o control sobre el ambiente. La palabra podría estar relacionada al término ‘melej’ (???), que significa rey. El ejemplo supremo que tenemos para definir “trabajo” es la creación del universo, del cual descansó Dios el séptimo día. Note usted que el trabajo de Dios no requirió gran esfuerzo físico, sino que “habló” la palabra, y fue hecho. De esa manera, melajá se puede traducir mejor como “esfuerzo creativo.”

En la Escritura, la palabra melajá es utilizada muy raras veces fuera del contexto de shabat y las fiestas bíblicas. El único otro lugar donde se utiliza es en la discusión de la construcción del Tabernáculo y los utensilios, o sea, en Éxodo 31, 35 - 38. Allí, el shabat se menciona como un medio por el cual Dios quería santificar al pueblo mientras apartaba tiempo específico para servirle y adorarle. "Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico" (Éx. 31:13). De aquí concluyeron los rabinos que el trabajo que era prohibido ejercer en shabat era semejante al de la construcción del santuario. En hebreo, esas 39 categorías se llaman “Lamed Tet Melajot.”

A continuación, algunas de las actividades comunes prohibidas en el shabat porque constituyen melajá, según las normas rabínicas modernas:
· Cocinar y hornear (aún si no implica prender fuego)
· Moler, cortar, colar
· Lavar ropas (a mano o máquina)
· Tejer, hacer crochet, bordar
· Coser, pegar, encolar
· Construir o reparar (toda clase de construcción o reparación en el hogar)
· Escribir (o borrar), dibujar, pintar, colorear, escribir a máquina
· Cortar el cabello, afeitarse, cortar las uñas
· Prender (o extinguir) un fuego – iniciar un nuevo fuego usando cualquier tipo de combustión o prender otro a partir de uno ya encendido, prender una vela, encender un fósforo o encendedor, fumar
· Cortar o desgarrar (no aplica a cortar la comida)
· Pescar o cazar
· Cuidar el jardín o césped – cavar, plantar, fertilizar, desyerbar, cortar, podar, segar, recolectar frutos o arrancar flores u hojas, regar (aún las plantas del interior)
· Transportar, empujar o mover un objeto a una distancia mayor de tres metros dentro del “dominio público”, o desde los marcos del “dominio privado” al “dominio público” (o viceversa).

Todas esas labores son prohibidas en shabat, al igual que las tareas que operan bajo los mismos principios o con los mismos propósitos. En adición, los rabinos han prohibido utilizar las herramientas que frecuentemente son usadas para esas tareas, como el martillo, el lápiz o un fósforo, a menos que la herramienta tiene un propósito permitido, como abrir una nuez cuando no haya otro utensilio disponible. También se permite mover un objeto que estorba cumplir con una actividad permitida, como remover un lápiz de encima de un libro de oraciones para orar, o circunstancias parecidas. Objetos que no se permiten manipular en shabat se llaman ‘muktzé’, lo que literalmente significa “aquello que se pone a un lado,” para no ser utilizado en el shabat.

Los rabinos también han prohibido viajar, comprar y vender, entre otras actividades de la semana que pudieran interferir con el espíritu del shabat. El uso de la electricidad es prohibido porque sirve para la misma función que el fuego, y prender un fuego en shabat está prohibido en la Biblia. También se prohíbe prender un motor de combustión interna (como un automóvil), porque opera al quemar gasolina y aceite, y esa es una violación de lo mismo. Además, el movimiento de un carro podría transportar un objeto de un lugar a otro en un dominio público, que es otra prohibición de la Torá.

Evitar la ‘melajá’ es evitar el trabajo de tipo creativo o de influencia sobre el ambiente físico que nos rodea. Prender o apagar la corriente eléctrica o el motor de un automóvil no representa un gran esfuerzo físico, pero sí influencia el ambiente. En tiempos bíblicos, la persona que violara las leyes del shabat en público era condenado a muerte (Núm. 15:32-36). Los rabinos consideraban que violentar las leyes del shabat era igual de pecaminoso que la idolatría.

Por otro lado, se podían violar todas dichas restricciones del shabat si significaba salvar la vida de alguien. ¿Recuerda cómo Yeshúa respondió a los fariseos cuando sanó a algunas personas en shabat? "Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra" (Mat. 12:9-13).

Zajor y Shamor: Recordar y guardar… Esos son dos conceptos muy distintos, pero cuando se unen, representan el pleno significado del shabat. “Recordar” implica el deseo de reposar y ser libre, razón por la cual se anticipa el shabat como a una novia, de quien uno quisiera nunca apartarse. “Guardar” es obedecer la ley, sin la cual no pudiese haber un shabat.

Un Típico Shabat Judío

¿En qué consiste un típico día de shabat judío?

Los Preparativos: Al igual que todos los días del año, el shabat comienza al atardecer de lo que entendemos como el día anterior. La historia de la creación en Génesis 1:5 describe: “Y fue la tarde y la mañana, un día.” Allí la Biblia indica que el día comienza al atardecer, eso es, cuando baja el sol.

Por esa razón, cerca de las 2:00 o las 3:00 PM el viernes por la tarde, los judíos que observan el shabat salen de sus trabajos para hacer los preparativos. El ánimo en el aire es muy similar a cuando uno se prepara para recibir un amigo muy especial: se limpia la casa, la familia se baña y se viste con su mejor ropa, se saca la mejor vajilla, y se prepara una cena festiva. Además, todo lo que no se puede hacer en shabat se hace con anticipación, como dejar encendidas las luces eléctricas más esenciales (o poner un control automático), la bombilla del
refrigerador se remueve para evitar que prenda y apague cada vez que se abra la puerta, y se cocina toda la comida para las 24 horas del shabat. En Israel, los esposos acostumbran llevar flores a sus esposas para demostrar su aprecio por ellas, y para llenar de belleza y gozo el hogar.

Se encienden las velas del shabat, y se recita la bendición con un atraso no más de 18 minutos después de ponerse el sol (18 es el número hebreo para vida). Ese ritual, celebrado por la mujer del hogar, denota oficialmente el comienzo del shabat. Dos velas son alumbradas en símbolo de los dos mandamientos de zajor (recuerda) y shamor (guarda). Es interesante notar que a través de una mujer, María la madre de Yeshúa, nos llegó la “Luz del Mundo.”

Luego de eso, los hombres, y en ocasiones el resto de la familia, atienden un breve servicio en la sinagoga de como 45 minutos. Me fascina observar cómo los padres y los hijos en mi vecindario caminan juntos a la sinagoga local para orar. Produce una cálida sensación de gozo al observar esos estrechos vínculos familiares.

Bendiciendo a la Familia: Al terminar los servicios de oración, la familia se reúne nuevamente para celebrar su cena especial. Antes de comer, el padre bendice a los niños y su esposa. Los hogares tienen diferentes costumbres, pero algunos padres cuyos hijos son adultos van a los hogares de sus hijos, y en otras ocasiones, los hijos se reúnen en casa de sus padres. En algunos hogares, sólo el padre hace la bendición, mientras que en otros, ambos padres hacen la bendición. En cualquiera de los casos, ponen las manos sobre la cabeza de cada hijo, y se recitan las bendiciones apropiadas, sea varón o hembra.

Los varones reciben la bendición que hizo Jacob sobre Efraín y Manases, los hijos de José: "Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés" (Gén. 48:20). De esa manera, las cualidades que exhibieron esos dos varones, las de buscar juntos el bien de todos y procurar guardar los valores judíos en un ambiente gentil, se convirtieron en el ideal para la crianza de los hijos durante los siglos posteriores.

Las niñas reciben la siguiente bendición: “Que Dios te haga como Sara, Rebeca, Raquel y Lea.” Esas mujeres, de espíritu sensitivo, entendido y sacrificial, todas poseían una relación especial con Dios, y utilizaron sus dones para procurar el bien de otros y del pueblo judío.

Si los hijos no están presentes, todavía se recita la bendición, ya que no es necesario que estén para poder bendecirlos. Es un momento precioso cuando se bendice a los hijos cada shabat, porque es un momento lleno de amor y significado, especialmente cuando uno comprende de dónde proviene la costumbre.

El padre entonces bendice a su esposa utilizando Proverbios 31:10-31. No sólo es un momento especial para ella, sino también para los hijos, viendo que su madre es honrada en el hogar.

Bendiciendo el Pan y el Vino: Luego de las bendiciones de la familia, el hombre de la casa recita el “Kidush”, la oración para el vino, en santificación del shabat. La palabra kidush viene de la raíz en hebreo de “kedushá” o “kodesh,”que significa santificar o elevar algo a un nivel espiritual. Las cosas de este mundo nos retan a tomar las bendiciones que Dios nos da para nuestro deleite, y utilizarlas con un propósito más elevado. El vino es utilizado porque el shabat es un momento de gozo. Luego, se recita la oración por el pan, la que se hace sobre dos panes enteros de “jala.” Ese pan semi-dulce se hace con huevo, y comúnmente se arregla en forma de trenza. Los dos panes son recordatorio de la doble porción de maná que Dios envió tanto para el viernes como para el shabat a medida que vagaban por el desierto (Éx. 16:22-30). La palabra “jala” primero se usó al referirse a los doce panes de la proposición que se acomodaban en dos hileras dentro del Tabernáculo (Lev. 24:5).

Estos símbolos de pan y vino se encuentran por todas partes de la Biblia, y representan la provisión de Dios. También simbolizan el pacto de reconciliación y restauración que se hace como resultado de un acuerdo mutuo para restaurar o preservar una relación. Es importante notar que son los mismos símbolos que usamos los cristianos en la Santa Cena, tomados de la cena de los Panes sin Levadura que celebró Jesús antes de Su última Pascua. Compartió el pan sin levadura (matza) y el vino con Sus discípulos, proveyendo el medio por el cual pudiéramos ser reconciliados con el Padre y tener comunión con Él.

En las oraciones judías, las bendiciones son en agradecimiento por la provisión de Dios, y no para bendecir el alimento, como si la comida tuviera algún defecto.

La Cena: La familia luego disfruta su cena de shabat. Aunque no hay restricciones o costumbres sobre lo que se debe comer, las cenas son generalmente sopas o cosas hechas a fuego lento dada la prohibición de prender un fuego durante shabat. La comida que se cocina antes es recalentada sobre una plancha encima de la hornilla.

Al terminar de comer, la familia recita la oración que se hace posterior a la cena, o el “birkat ha-mazón.” Aunque ésta se hace todos los días, se hace de manera más relajada en el shabat, y pudiera incluir algún cántico alegre. La cena podría finalizar como a las 9:00 PM o más tarde. La familia después puede conversar o estudiar la Torá por una hora o dos, y luego se acuestan a dormir.

El Día de Shabat: A la mañana siguiente, los servicios de shabat comienzan como a las 9:00 AM, y continúan hasta casi mediodía. La familia nuevamente hace las oraciones de kidush y disfrutan un almuerzo pausado y relajado. Es común que se coma un guisado, finalizando como a las 2:00 PM con otro “birkat ha-mazón.” La familia luego se reúne para estudiar la Torá, hablar, caminar, jugar algún juego de mesa o cualquiera otra actividad pasiva. Frecuentemente, los padres salen a jugar con sus hijos pequeños, o toman un paseo por el vecindario con su familia, el más pequeño sobre los hombros. También pueden tomar siestas por la tarde, y terminar finalmente con una comida ligera antes de terminar el shabat.

Havdalá: El shabat termina al anochecer del sábado cuando aparecen las primeras tres estrellas, aproximadamente veinte minutos después de ponerse el sol. Para cerrar formalmente el shabat, la familia hace el ritual de ‘havdalá’, lo que significa literalmente “separación” o “división”. Shabat es un día especial, separado del resto de la semana, y debe recordarse como tal. Se recitan las bendiciones apropiadas sobre el vino, unas especias, y una vela. El vino se echa en una copa sobre un platillo para que pueda llenarse hasta el punto de rebosar. Ese es el símbolo bíblico que representa la sobreabundancia de Dios, según dice el salmo: "...mi copa está rebosando" (Sal. 23:5). Se enciende una vela entrelazada para enfatizar el contraste entre la luz y las tinieblas, y para llevarse el recuerdo de la luz del shabat toda la semana. Se guardan ciertas especias en envases muy atractivos. Su fragancia es para consolar a uno ante la pérdida del shabat. Sin embargo, su aroma debe permanecer con uno durante los días siguientes, recordando el pasado shabat y brindando esperanzas de un próximo shabat. Se recita la bendición de havdalá, marcando la separación o división entre lo sagrado y lo secular, entre el shabat y el resto de los días de trabajo semanal.

Como puede apreciar, shabat es un día muy lleno de bendiciones cuando se guarda apropiadamente. Es muy relajante, y rejuvenece a la familia. Las familias que la observan no se preocupan por no ver su programa favorito en la televisión, salir en el carro o ir de compras. Lo que reciben por parte de Dios es mucho más preciado. De hecho, una vez que el cristiano guarda el shabat en cierta medida, aprende a ansiar ese descanso especial cada semana. Los cristianos no tenemos que guardar los ritos rabínicos del shabat, pero podemos incorporar algunos de sus elementos en nuestra rutina, separando tiempo para refrescar el espíritu y dedicar tiempo para Dios y la vida familiar.

La Controversia entre Sábado y Domingo

Ha existido una continua controversia en la Iglesia en torno al día que se debe adorar, ya sea el sábado o domingo. Permítame arrojarle alguna luz al respecto, lo cual podría disminuir esa tensión y ayudarle a disfrutar la adoración en ambos días, sin restarle importancia a ninguno de ellos.

La confusión sobre el sábado o el domingo surge a consecuencia de unos mensajes conflictivos que emitieron los padres de la Iglesia primitiva y los reformadores durante el tiempo de la Reforma. Pero no debe haber tal confusión, porque Génesis 2:1-3 dice claramente que el séptimo día de la creación fue establecido para la santidad y bendición de toda la humanidad, y eso fue mucho antes de que el shabat fuera dado por Dios al pueblo judío a través de los Diez Mandamientos (Éx. 20:8-11). La primera Iglesia asumió que los cristianos gentiles también deberían guardar esos mandamientos universales. Los primeros cristianos entendían que el nuevo pacto fue hecho para aclarar la Torá, pero no para abrogarla.

Aunque no se ordenó que se guardara el shabat en el Nuevo Testamento, los autores claramente destacaron la importancia de guardar el shabat y los principios espirituales de la Ley Mosaica (Moseley, Sabbath, Sunday Controversy). Jesús dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos" (Mat. 5:17-19).

Cuando acusaron a Yeshúa de no guardar el shabat (Mat. 12:3-5), aclaró que su conducta ciertamente estaba dentro de la expectativa divina respecto al shabat. Jesús detalló cuatro propósitos por guardar el shabat: (1) hacer el bien, (2) salvar vidas, (3) demostrar misericordia, y (4) librar a hombres, mujeres y animales de la esclavitud física y espiritual (Mat. 12:7,12; Mar. 3:4; Luc. 13:16) (Moseley, 3).

Los evangelios no fueron escritos inmediatamente después de la resurrección y ascensión del Señor, sino entre treinta y sesenta años después. Sin embargo, la primera Iglesia era judía, y los cristianos continuaron guardando el shabat aún después de la destrucción del Segundo Templo (70 d.C.). Simplemente fue dado por sentado que debería ser así.

A continuación le presento algunos ejemplos de cómo los primeros cristianos guardaron el shabat: Yeshúa y Sus discípulos asistieron a un servicio de shabat en la sinagoga de Nazaret para leer la Torá (Luc. 4:16). Cuando Yeshúa profetizó la destrucción de Jerusalén, exhortó a Sus discípulos que oraran para que eso no ocurra en shabat (Mat. 24:20). Los discípulos asistieron a la sinagoga durante sus años posteriores de ministerio (Hech. 13:14,42; 16:13; 17:1-2; 18:4). Pablo ministró frecuentemente dentro de sinagogas en el shabat. Cuando fue falsamente acusado por los hermanos cristianos en Jerusalén de haber abandonado la Ley y las costumbres, fue investigado y hallado que andaba "ordenadamente, guardando la ley" (Hech. 20:16; 21:20-24), lo cual seguramente incluía la observación del shabat.

Aunque pudiera parecer que Pablo declaraba que no era necesario guardar la ley, en realidad se estaba refiriendo a rituales específicos de la Ley Mosaica y no a los principios eternos de la Torá de Dios. Cuando escribió la carta a los gálatas cristianos (Gálatas 4:8-10), Pablo reprendió a esos paganos convertidos por haber regresado a los rituales débiles y esclavizantes de sus costumbres pasadas. Menciona que estaban observando los días, meses, tiempos especiales y años, refiriéndose a quienes querían regresar a sus fiestas paganas. Según el autor Ron Mosely, a pesar de que Pablo aclaró que las fiestas judías son mera sombra de las bendiciones por venir, aún podemos celebrarlas de manera adecuada (Col. 2:16-17).

¿Cuándo comenzó a celebrarse la adoración en domingo?

Documentos escritos por los primeros padres de la Iglesia reflejan que el domingo ya era un día especial a fines del primer siglo dado los siguientes eventos sobresalientes en domingo: (1) la resurrección del Señor (Mat. 28:1), (2) Sus repetidas apariciones en domingos subsiguientes, y (3) el advenimiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Jerusalén (Hech. 2:1). También hay evidencia de que la Iglesia primitiva se reunía regularmente en domingo (Hech. 20:7; 1 Cor. 16:2), y Juan recibió su visión apocalíptica en la isla de Patmos un domingo (Apoc. 1:10).

Ciertamente, se puede hacer una buena defensa a favor del primer día de la semana, o domingo, como el “Día del Señor.” Sin embargo, no es probable que durante esos primeros años de la Iglesia se denominase el domingo como el “shabat cristiano,” sino que simplemente el Día del Señor era el primer día de la semana. (Durante esos tiempos, y aún hoy día, los judíos no usaban los términos nuestros para indicar los días de la semana, sino simplemente se referían a ellos por su posición numérica en la semana. Identificaban el domingo como el primer día de la semana, y el sábado como el séptimo día de la semana.) Por otro lado, los antiguos documentos evidencian que los primeros cristianos guardaban tanto el sábado como el domingo. Shabat era un día de descanso, y el domingo era celebrado como el día de la resurrección de nuestro Señor (Pritz, Nazarene Christians).

Aunque la Iglesia primitiva había comenzado a reunirse los domingos para adorar a Dios mucho antes del cuarto siglo, no fue hasta los tiempos del emperador romano Constantino y el Concilio de Nicea (325 d.C.) que la Iglesia prohibió oficialmente a los cristianos guardar el shabat. Por medio del edicto de este concilio de líderes cristianos, la Iglesia se desconectó totalmente de sus raíces judías y permitió la influencia de prácticas paganas en su adoración.

También hubo varios reconocidos padres eclesiásticos que se opusieron a las prácticas judías, como Ignacio, Tertuliano y Justino, e intentaron diferenciar entre el shabat y el domingo. Sus enseñanzas sólo sirvieron para echarle más leña al fuego, conduciendo al divorcio total entre la Iglesia y sus raíces judías. De allí en adelante, la Iglesia fue robada de una más rica y completa interpretación de la Palabra de Dios y Sus propósitos eternos.

La idea de no trabajar en domingo comenzó cerca del año 538 d.C., cuando el Concilio de Orleáns dictaminó que toda labor debe cesar durante parte de ese día para que las personas pudieran asistir a sus servicios. Aún no hacían la inferencia de que el domingo era igual que el shabat, porque el domingo era un día usual tanto de trabajo como de adoración cristiana. No fue hasta el año 600 que se comenzó a denominar el domingo como el “shabat cristiano,” pero los cristianos no suspendieron totalmente las labores el domingo hasta alrededor del año 900 (Heylyn, Historia del Shabat).

¿Qué Significado tiene eso para Nosotros?

Algunos opinan que el shabat fue dado únicamente a Israel y el pueblo judío como señal de distinción (Éx. 16:29; 31:12-14; Neh. 9:13-14; Ezeq. 20:12), y que por esa razón no tiene relevancia para la Iglesia. Sin embargo, el patrón de un día de descanso fue dado a toda la humanidad antes de que fuera dado a Israel (Gén. 2:1-3). Por otra parte, el Nuevo Testamento establece que los gentiles somos injertados a los pactos de Israel (Rom. 11:11-32), hemos sido hechos partícipes de sus promesas (Ef. 2:11-13), y somos considerados como hijos adoptivos de Abraham (Gál. 3:7).

Si los cristianos somos también espiritualmente el pueblo de Israel, entonces somos incluidos en los preceptos que Dios dio a Israel, además de recibir Su bendición por guardarlos. Guardar el shabat como día de descanso no es ser legalista. La bendición que Dios nos ofrece al descansar en el shabat es la restauración de nuestro espíritu y nuestras fuerzas. No debemos ver el shabat simplemente como un día en que no tenemos que trabajar, sino más bien como un día en que podemos disfrutar la libertad que Dios nos da para entrar a un reposo restaurativo y disfrutar un momento con nuestra familia y con Dios. Shabat no es un día de vacaciones, sino una convocación para disfrutar de la tranquilidad, paz y quietud de Dios mientras dejamos de hacer lo que acostumbramos hacer durante la semana y nos concentramos en nuestro Buen Pastor. ¿Quién no desearía disfrutar de esa bendición? Irónicamente, los cristianos que han predicado la teología de la suplantación o reemplazo enseñan que la Iglesia ha sustituido a Israel, pero rechazan las prácticas y costumbres judías. Siendo como Israel espiritualmente, somos copartícipes de las bendiciones que Dios da a quienes guardan Su Palabra.

Así como hizo la Iglesia primitiva, opino que los cristianos podemos guardar tanto el shabat en día sábado como el Día del Señor los domingos. No obstante, si alguien quiere congregarse el sábado para adorar a Dios, eso no debe ser ningún problema. No debe existir este debate sobre quién tiene la razón o no. En el judaísmo ortodoxo, se adora a Dios todos los días, además de ir a la sinagoga mañana y tarde. De igual forma, tenemos libertad para adorar cualquier día de la semana. Si usted prefiere descansar en shabat y congregarse en domingo, entonces recibirá mayor bendición de parte de Dios. El domingo no sustituye el shabat, sino que es un tiempo adicional para los cristianos.

Tengamos en cuenta que si celebramos ambos días, no seremos más espirituales o más salvos que los demás. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Ef.2:8-9). Si decidimos incorporar el descanso del shabat en nuestro itinerario personal, no es algo de lo cual nos podamos jactar, como tampoco es algo que podamos exigir de otros. Si creemos que alguien podrá disfrutar de esa misma experiencia, podemos compartir la bendición con esa persona. Celebrar el shabat nos proveerá mayor intimidad en nuestra relación con el Señor y con nuestra familia, pero no debemos inferir que nuestra fe es mayor que la del otro, porque esa actitud sólo traerá conflicto y división en el Cuerpo del Mesías.

El shabat es un regalo de Dios, un día de descanso y restauración. ¿Recuerda lo que Dios dijo a Israel? Cuando rechazaron ese regalo, les dijo: "Mis santuarios menospreciaste, y mis días de reposo has profanado" (Ezeq. 22:8). Luego, en el largo discurso acerca del Templo que sería reconstruido para servir al Señor en Jerusalén, Dios dice de los sacerdotes y el pueblo: "... santificarán mis días de reposo" (Ezeq. 44:24). Dios se deleita en el shabat que estableció antes de la Ley, y permanecerá aún en el futuro. No nos corresponde a nosotros el descartarlo simplemente porque los padres eclesiásticos cometieron esa equivocación y rechazaron el regalo de Dios a la humanidad.

Seguramente, si usted ora respecto al shabat y decide añadir ese descanso especial a su fin de semana, requerirá cierto esfuerzo para ajustarse a ese nuevo patrón de vida. Pero recuerde, no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. No se haga esclavo del shabat, sino que le invito a ser libre. Ya que las tensiones y ataduras de la semana son cargan al espíritu, dedique tiempo para liberarse de ellas y entrar ante la presencia de Dios en plena comunión. Al principio, podría requerir un poco de disciplina para ejercitarse en la práctica de descansar y orar, además de relacionarse mejor con su familia. Sin embargo, haga el esfuerzo e intente disfrutar un shabat. Encontrará que, así como la mariposa nocturna es atraída por la luz, su espíritu se sentirá atraído por ese momento especial e íntimo del shabat.

(Traducido por Teri S. Riddering)




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